Esta semana me cautivó la lectura de un artículo titulado “Biografía actualizada” del escritor argentino Martín Kohan, a quien tengo como uno de mis escritores de prensa de cabecera. Se trata de datos de la vida de Jorge Luis Borges, mínima, pero genialmente comentados, un espectáculo lo que hace. De verdad, a Kohan hay que ir a leerlo.
Sin embargo, de no ser por una aclaración amplísima que hizo él mismo en un programa de radio, posiblemente habría corrido el riesgo de entender muy mal sus palabras. A simple vista, parece que critica ferozmente a Borges por en su momento haber querido “mamar de la teta del Estado”, frase que los latinoamericanos entendemos como la tabla del uno.
Kohan emplea magistralmente la ironía, “habla mal” de Borges para evidenciar cómo se ve objetivamente cuando nos quejamos y criticamos sin evaluación previa a los funcionarios públicos. Para algunos parece un pecado de la modernidad querer trabajar para el Estado. Y sí, por supuesto, que hay una realidad que no desconozco y de la que me he quejado como todos.
Parece que cada vez es menos honorífico trabajar en lo público, hay un franco deterioro de la reputación que es posible que esté directamente relacionada a la eficiencia del Estado y evidentemente con la cultura laboral estatal. Es más impresionante, por ejemplo, trabajar para una gran transnacional. Basta con analizar el discurso en lo mínimo para concluir eso.
Claro, vivimos en un país muy pobre (no quise decir directamente miserable) y siendo así, ¿quién no quiere estar amparado por un empleo estatal? Creo que nuestras miserias internas y reflejadas en nuestras conductas obedecen a las miserias a las que hemos sido sometidos la mayoría en este país.
Como las lecturas nos llevan por caminos que se encuentran, en la novela “La muerte feliz” de Albert Camus, Bernard, que dialoga con Mersault, el personaje principal, afirma que él solamente desprecia a un tipo de humano, aquellos que nada más se interesan por el dinero.
Y esa es la clave. Es muy probable, aunque no seguro, que quien solamente se interesa por el dinero sea un empleado ineficiente y sin ningún tipo de vocación para el servicio público o el servicio en general.
Particularmente pienso que en el aparato estatal hay personas con vocación de servicio, y eso de verdad que se nota cuando hay que visitar las oficinas, y me gustaría pensar que, si no son la mayoría, por lo menos son muchas. Y a esas personas les tenemos que agradecer profundamente, son las que nos hacen la vida más fácil y nos ayudan a conseguir nuestros objetivos en la vida. Pero también está la otra cara de la moneda, los que en efecto solamente quieren “la teta del Estado”.
El otro problema es que el Estado sea de las pocas opciones, es decir, que se convierta en el gran empleador de un país, eso se presta para el simple y rancio oportunismo. Lo que se necesita es incentivar la inversión nacional y extranjera, así el Estado (casi siempre un político) no será la única esperanza y oportunidad de muchas personas.
Si usted que me está leyendo es empleado de nuestro querido Estado, y es un buen empleado, no haga caso de las críticas y dé lo mejor para el servicio de los ciudadanos. El único premio que le puedo garantizar es el de la conciencia tranquila. Y si acaso usted considerara que no lo es, hoy tal vez es un buen día para mejorar.