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El pastel 30 años después

Recientemente me encontré en mis archivos con uno de mis artículos publicado el 6 de enero de 1990. Como algunos de los conceptos vertidos en ese entonces siguen teniendo vigencia, decidí que valía la pena transcribir los mismos.Sobre los ingresos del gobierno, “representan, en sentido figurado, los ingredientes del pastel que en teoría debe ser repartido entre la mayoría de la población.

El gobierno y sus diferentes instituciones deberían tener un esquema administrativo de alta eficiencia y productividad, para así diluir en gastos burocráticos solo la cantidad estrictamente necesaria de los ingresos que se perciben y dedicar la mayor cantidad de recursos hacia inversiones que generen bienestar social para toda la colectividad en los campos de la salud, vivienda, educación, infraestructura vial, etc.

”.Continuando con “resulta evidente que la tarea de un gobierno no consiste únicamente en repartir el pastel, sino generar los ingredientes necesarios para hacer que el pastel pueda crecer y se pueda repartir entre un mayor número de personas, en función de su propia contribución a la producción”.

Y luego, “Desafortunadamente, el erario nacional se ha convertido en una herramienta política, por medio de la cual el partido de turno queda bien con sus correligionarios, convirtiéndolo en el festín del cual todos quieren disfrutar, bajo la ley del menor esfuerzo”. Y en otro párrafo “Esta claro que el esquema anterior no puede continuar.

La distribución del ingreso público generado en gran parte por los impuestos que paga la población no se puede seguir dilapidando en burocracia, dádivas y subsidios a grupos minoritarios. La factura de estos despilfarros tendrá que pagarse inexorablemente y quienes sufriremos los golpes mas profundos seremos la inmensa mayoría de la población, teniendo la clase media asalariada el dudoso privilegio de ser una de las más afectadas”.

Como podrán apreciar, nuestro país sigue padeciendo de los mismos males. Una clase política que se aprovecha de los escasos recursos del país para su propio beneficio, una burocracia en constante crecimiento y un Estado que no brinda servicios eficientes y de calidad en las áreas que le corresponden.

Complementariamente, han surgido grupos de poder que también absorben una gran parte de ese pastel y con el agravante que dicho pastel no ha crecido lo suficiente y sigue siendo insuficiente y mal distribuido. Más bien han surgido otros flagelos como la corrupción y la impunidad, un mayor deterioro de la institucionalidad, el narcotráfico y grupos populistas, que piensan que solo se trata de repartir sin que previamente se haya hecho la tarea de hacer que el pastel crezca lo suficiente.

La pregunta del millón es ¿qué hacemos? Lo ideal sería que los hondureños actuemos sin distingos de colores ni banderas, bajo la consigna de hacer de Honduras un país de esperanzas y de oportunidades, que las instituciones funcionen, que las leyes se apliquen en forma objetiva, atraer inversión privada que haga crecer la economía, que se generen empleos productivos y que el gobierno de turno utilice sabiamente los recursos para mejorar las condiciones de vida de los hondureños. No dejemos que esos pequeños grupos de políticos sigan haciendo de las suyas y actuemos en función del bien común.