El conflicto es un rasgo inevitable de las relaciones sociales, nos preocupan discrepancias como las protestas sociales, incertidumbre colectiva, debates políticos y pasamos desapercibida nuestra personalísima actitud y conducta conflictiva, que del plano personal-familiar la trascendemos a lo colectivo.
Como inevitable puede ser la construcción de una sociedad con cultura de conflicto, muy constructivo sería entonces que también comencemos un movimiento de ideas, acciones y tradiciones que enseñe los valores positivos de un conflicto y la forma de asumirlos, desde la familia hasta todo el proceso educativo y formativo. Un tradicional almuerzo en familia, el respeto entre sus miembros, el comportamiento en la mesa, el arrebato o la gentileza a la hora de pasarse el salero, los temas que se hablan mientras se come o el chisme de comerse al vecino van influyendo en la educación y formación del hondureño y su actitud como un conciliador o como un generador de conflicto. El cultivo de un chismoso en la familia o de alguien que para comunicarse interrumpe y pelea son la primera célula podrida que corrompe un gran sistema, la sociedad con cultura de conflicto. “Por falta de leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, se calma la contienda. Como carbón para las brasas y leña para el fuego, así es el hombre rencilloso para encender contiendas”, dice proverbios 26:20-21, y Gabriel Marcel, dramaturgo y filósofo francés dice que “Hoy día, el deber primero y quizá único del filósofo es defender al hombre contra sí mismo: defender al hombre contra esa extraordinaria tentación hacia la inhumanidad a que tantos seres humanos han cedido casi sin darse cuenta de ello”.
Comenzar a entendernos como sociedad en situaciones específicas de conflicto podrá ayudarnos a comunicarnos de forma eficaz y multiplicar los valores positivos de un conflicto, la forma de comunicarnos influye en la resolución del mismo, y eso empieza en la familia. Una idea que desarrollo para gestar un movimiento académico o formativo es la multiplicación de líderes que trasciendan en todos los colectivos, grupos sociales, gremiales, políticos y culturales, con habilidades para comunicarse especialmente con los distintos a ellos y como no es algo innato, puede ser aprendida, la comunicación eficaz puede enseñarse como un buen comienzo para mejorar la comprensión intergrupal..