En medio de otras noticias que capturan la atención, nos enteramos del galardón al novel escritor hondureño Luis Lezama Bárcenas, quien ganó el VIII Premio Centroamericano Carátula de cuento breve. Esta buena nueva se sumaba a la de fines de octubre cuando los jóvenes estudiantes Ezra Guerrero (Francisco Morazán), Derek Fúnez (Valle), Lilian Callison (Choluteca) y José Betanco (El Paraíso), liderados por los profesores Darwin Gutiérrez y Devis Alvarado, se alzaron con medalla de oro en la 22da Olimpiada Matemática de Centroamérica y el Caribe. Todos estos jóvenes talentos y sus logros destacan mucho más, dada la conocida tendencia local a cuestionar y minimizar los esforzados éxitos de nuestros connacionales, a la que nos referimos en las dos anteriores entregas de esta columna de opinión.
Como bien referí en la primera parte de “Cada oveja con su pareja”, las redes sociales me han permitido conocer de estas proezas, tal y como antes lo hacían la comunicación boca a boca, tan eficaz como letal, dependiendo de quien la facilita. Las noticias buenas suelen viajar más despacio que las malas, decían las abuelas, así que no debe extrañarnos que ocurra lo mismo en la internet, que solo es un canal amplificado de las bondades y miserias humanas. Cuando en agosto el hondureño Alfredo Rivera fue nombrado presidente ejecutivo de una importante transnacional norteamericana de bebidas carbonatadas, la prensa internacional destacó el hecho de que se tratara del mismo latinoamericano que había desempeñado la presidencia del grupo para la región. Varios medios de comunicación locales y regionales subrayaron que se trataba de un catracho que había logrado escalar al puesto más alto de una de las empresas más importantes globalmente, demostrando que el único límite para el talento es la existencia o no de oportunidades. No faltó quien cuestionara la nacionalidad original de la corporación, las cualidades ciertas o inventadas del producto y hasta los defectos del sistema capitalista de producción: lo importante era encontrar ese “pero” que no puede faltar cuando aparecen “ojos bonitos en cara ajena”. La ocasión hasta resultó propicia para dejarle ir su par de catilinarias al gobierno de turno en Estados Unidos y Honduras. O tempora o mores!
Debido a los “filtros burbuja” de las redes sociales -que se construyen a partir de nuestra tendencia a escuchar el eco de nuestros propios pensamientos y creencias, cualesquiera sean estas- cada vez que aprobamos o clicamos “me gusta” (like) a estas posturas criticonas y “tóxicas”, los algoritmos de las redes nos caracterizan y segmentan con individuos de estos pareceres y opiniones, atrapándonos en cápsulas que luego es difícil abandonar.
A qué rebaño se quiere pertenecer, es decisión de cada quien: para escapar al matadero se requiere arriesgar, ser positivo y perspicaz. No basta ser desconfiado y reprobador. Decida usted por su bien y sanidad mental, con cuales ovejas se empareja