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Arriba la Maccih

El temor sobre la presencia de una organización como la Maccih es que cause lesiones a la soberanía. Empero, analicemos. La intervención de la DEA en la planificación de operaciones contra el crimen cae en el rango de asesoría técnica, pero su dirección en la ejecución de misiones, mando de tropas y captura de sujetos sospechosos es intervención.

Suazo Córdova acordó con la CIA apoyar la contrarrevolución nicaragüense (1991-1990). Bajo acuerdos declarados y secretos permitió las operaciones Ahuas Tara, que nunca autorizaron que entraran tropas yanquis sin permiso del Congreso Nacional. Un día cayeron sobre Palmerola 3,000 paracaidistas nunca aprobados por la autoridad local. Intervención.

Igual con la base aérea El Aguacate, usada para aprovisionar a la Contra e importar cocaína luego trasladada a Florida, donde era entregada a la mafia estadounidense para venta en las calles de Nueva York y otras urbes. Se nomina intervención.

Como fue en 1954 el contubernio de Juan Manuel Gálvez con, otra vez, la CIA para derribar al presidente demócrata guatemalteco Árbenz Guzmán, impulsado ese acto delictivo por intereses económicos de las fruteras norteamericanas. No abundo en el episodio por ser conocido y porque la reciente novela de Vargas Llosa, “Tiempos recios”, trata la materia, por lo que su lectura se convierte para el hondureño en obligación.

El Estado suscribe convenios de apoyo con organismos mundiales, siempre que el brazo ejecutorio no sea de esos organismos sino local. En la doctrina existe una clara separación de potencias y poderes, resumiéndose ella en el principio de que ningún ente externo sustituirá las funciones del local.

La Corte Centroamericana de Justicia fue exitosa resolviendo crisis del istmo hasta que la malicia norteamericana vició su respuesta ética. Honduras se adhirió a la Corte Internacional de Justicia (La Haya) y gracias a la independencia de esta, su profesionalidad y autoridad, varios triunfos limítrofes del país provienen de tal ente.

En cambio, al eximir al país de compromisos con la Corte Internacional Penal la conducta estatal fue vergonzosa pues excluyó los crímenes cometidos por soldados norteamericanos, y así puede en Honduras una tropa de marines asesinar y masacrar sin que se le demande en tal Corte. Intervención.

La Maccih no es fuerza intervencionista sino refuerzo moral. Busca contener el deterioro ético que arrasa a la sociedad a causa del delito común y organizado, de la corrupción y el cinismo de sus gobernantes, hoy miembros del Partido Nacional, abogados, diputados, eclesiásticos y militares prestos a convertir al ente noble de la democracia en instrumento de usufructo y maldad.

Y así como la sociedad acepta que venga al país una fiscalía ajena y extradite al criminal y lo sentencie, opina también oportuno que una entidad de fuera no es que haga justicia sino que analice justicia y la proponga. Que investigue, descubra, hunda el escalpelo en el pus y lo muestre para que la autoridad inmediata lo visualice y se sienta obligada a actuar, no a callar.

La Maccih es, pues, defecto necesario del sistema, faro que conduce a no encallar la nave de la república sino a llevarla a buen fin. Renovarla es renovar la esperanza de la sociedad.