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Al filo del abismo

No es mío el titular, lo birlé de la primera plana de un diario capitalino y como no es propiedad intelectual registrada, consideré que no cometía delito al usarlo en este artículo; además, porque es un término popularmente utilizado por el 95% de este pueblo que día a día incrementa su angustia al ver que nada nos sale bien.

Hoy coronamos otro puesto vergonzoso en la escala de desgracias que abaten a Honduras. Se nos ubica en los últimos dos o tres lugares entre los países del continente que tiene los más bajos porcentajes de población vacunada contra el covid-19.

Excusas van y excusas vienen, a cual más absurdas; los voceros oficialistas y alguno que otro defensor oficioso de los milagros de las autoridades hablan tanto que colisionan entre sí, se contradicen sin lástima; por otro lado, “11 años”, asegura nuestro científico Marco Tulio Medina, necesitaríamos, al paso de tortuga que vamos, para vacunar a toda nuestra población vulnerable. En 11 años, ¿cuántos hondureños se nos morirán?

Nuestro sistema hospitalario está “al filo del colapso”, lo gritan todos los días los héroes médicos responsables de combatir el virus en todos los frentes de guerra. No hay “municiones” (medicinas), dicen nuestros soldados, enfermeras y administradores, ya no hay camas, no hay equipo, no hay salarios, no hay instrumental ni protectores biosanitarios. ¡No hay! ¡No hay! ¡No hay! No hay cupos, no hay hospitales, estamos cerrando triajes; no hay asignaciones a las municipalidades para pagar hasta tres meses de salarios atrasados. Con horror e indignación, escuchamos algunas voces o leemos algunos artículos en que se acusan a los que señalamos esta irrefutable realidad, así como a los que reivindican su derecho de vivir y trabajar con dignidad, de ser alarmistas, poco hondureños, vendedores de miedo, como solía calificar un exsecretario de la Presidencia cuando escuchaba las críticas que se daban a los abusos de su patrón, el gobernante presidencial de ese momento.

Me pregunto, ¿cómo estaríamos de mal o desinformados en Honduras si diariamente no contáramos con excelentes programas como “Hoy mismo”, que desnuda, con testimonios irrebatibles, la situación de caos en que se encuentra, inmerecidamente, nuestro sistema de salud?

Cómo deseamos que esta bella Honduras que amamos no estuviera sufriendo este drama humano provocado por una ausencia inocultable de capacidad administrativa; drama que se torna interminable cuando se le mezcla con la sofocante incertidumbre política que destroza toda esperanza de alcanzar la armonía social imprescindible para el desarrollo humano de todos nuestros compatriotas.

“Al filo del abismo”, no hay otra forma de decirlo, aunque se hieran los sentimientos de aquellos pocos que aún creen, a pie juntillas, en este régimen de la indomable raza.

¿No creen amigos que YA BASTA?