Con el covid-19, la inminente caída de los índices educativos era más que evidente.
Los docentes en su mayoría propiciaron un ambiente de inseguridad en los primeros días de esta pandemia, pero como era de esperarse, sacaron nuevas ideas y se impusieron normas de actualización digital y los que no sabían lo más mínimo de estos procesos, iniciaron con ello.
Si bien es cierto, no se notan los avances entre los evaluadores de hoy, seguramente es porque la mayoría de ellos no comprenden que la era de la digitalización en los países mas avanzados se da desde hace muchos años.
En nuestro país se reflejó con la necesidad de estas tecnologías, por eso, no es de extrañarnos que personas se agencian sus fondos con ventas en línea (online), como páginas de Facebook, WhatsApp, espacios digitales, etc.
Nuestra educación, máximo en los niveles universitarios, debe mantener por lo menos una parte de los días de clases en línea, para que nuestros jóvenes estén a la vanguardia y así poder exigir a nuestros docentes que se encuentren en el rango del debate de las actualizaciones de lo que hoy necesitamos en el mercado laboral.
Queremos recomendar a nuestras autoridades que le den el campo de acción necesario para los y las jóvenes que vienen saliendo de las universidades, creando una esfera de proyectos nuevos en relación con lo que se mantiene hasta el día de hoy.
Si ya los jóvenes manejan el conocimiento en segundos, es por el avance de la tecnología; claro que también se da el uso inadecuado de ellas, pero es una debilidad que la debemos llevar a fortaleza, para evitar que nuestros jóvenes por la influencia ejercitada pierdan el uso correcto.
Dejamos esta opinión con la esperanza de que los tomadores de decisiones puedan leerla, tomarla en cuenta y si es posible, incorporarlas a sus agendas de trabajo.