Cada nuevo año es un comienzo. Con la ventaja de que no es arranque de cero.
Tenemos errores, quizás más que aciertos, que constituyen un gran capital, imposible de adquirir si no es por la experiencia personal.
Como sociedad, la hondureña ha sido poco orientada a la planificación. Más proclive a la improvisación y al desorden.
Y cuan necesaria es: para optimizar el uso de los recursos disponibles así como para alcanzar objetivos de bienestar personal y colectivo.
La esperanza no puede sustituir a la planificación, se potencian una a otra.
Y hay que evitar que la esperanza sea evasión. Que nos distraiga de actuar y conseguir resultados por estar esperando y soñando.
La vida es bien terrenal: hay deudas que honrar, seres a quienes alimentar, provisión y previsión obligada para el futuro, para la vejez tranquila, con seguridad de cuidado, medicinas y necesidades básicas satisfechas, de acuerdo al nivel de vida a que se esté acostumbrado.
Y hay solidaridad que debemos a tanta gente con menos oportunidades que uno.
Y todo cuanto se anuncia es agudización de la crisis económica. Y para colmo, entramos a un año electoral que exige de la ciudadanía responsable, mayor participación y celo sobre el desempeño de los funcionarios y el manejo de los dineros públicos.
Los hondureños somos emprendedores, aunque haya quien no se dé cuenta.
¿Qué vamos a hacer?, ¿Cómo vamos a superar la situación que no nos merecemos? Porque su gravedad radica en la irresponsabilidad de dirigentes con quienes nos equivocamos. Si tenemos desempleo, debemos estar conscientes de que será peor, que se viene un alud.
Lo que no podemos hacer es permitir que la angustia nos domine y que el conformismo alivie el malestar que se augura.
Ese espíritu emprendedor debe salir a flote. La adversidad nos da la oportunidad. Hay que tomarla. Y ser creativos, innovadores. Hay que sacar fortaleza como antídoto al infortunio. Y buscar a Dios.
Buscarlo todo el año 2012. ¡Y vamos a salir adelante!