Por Jacob Whitehead, The Athletic / The New York Times
ITEN, Kenia — A Rebecca Cheptegei le encantaban las gallinas. Tenía un gallinero dondequiera que vivía, y las criaba y recogía sus huevos cada mañana.
“Ella siempre reía”, dijo su madre, Agnes.
Este año, Cheptegei construyó una casa en el pueblo keniano de Kinyoro, financiada por su reciente éxito —ganó el Campeonato Mundial de Carrera de Montaña en el 2022 y terminó segunda en el Maratón de Florencia del año pasado.
El 1 de septiembre, mientras Cheptegei estaba en la iglesia, su ex pareja, Dickson Ndiema Marangach, se metió dentro del gallinero. Cuando regresó a casa, salió a ver cómo estaban sus aves. Marangach salió corriendo del gallinero y le arrojó gasolina a los ojos. Mientras ella tropezaba, él empapó el resto de su cuerpo en gasolina y le prendió fuego.
Su hermana Dorcas, de 17 años, corrió a ayudar, pero huyó tras ser amenazada por el machete de Marangach.
“No puedo olvidarlo”, dijo Dorcas. “Sigo soñando con ella pidiendo ayuda”.

Observando desde el interior estaban las hijas de un matrimonio anterior de Cheptegei: Joy, de 12 años, y Charity, de 9.
Cuando Cheptegei se desplomó, Marangach vació el resto de la lata de gasolina sobre ella. Él se quemó gravemente en el proceso. Cuando llegó la ayuda, las únicas partes de Cheptegei que no estaban cubiertas por quemaduras de segundo o tercer grado eran sus antebrazos y espinillas.
“Mamá, ¿por qué no había nadie allí para salvarme?”, lloró esa noche con su pastora, Caroline Atieno, en el hospital.
Durante las primeras 24 horas, Cheptegei pudo hablar y describir el ataque. Pero empeoró en los días siguientes. Uno a uno, sus órganos se fueron apagando.

Mientras aún podía hablar, Cheptegei repetía dos cosas en suajili: “¿Por qué Dickson no pudo haber visto algo bueno en mí y no haberme hecho esto?” y “¿Quién cuidará a mis hijas?”.
Cheptegei murió cuatro días después de haber sido atacada. Tenía 33 años.
Marangach murió a causa de sus propias quemaduras el 10 de septiembre.
Temor a más asesinatos
La mayoría de los corredores kenianos entrenan en la ciudad de Iten. Se encuentra sobre el Gran Valle del Rift, en un acantilado de unos 2.5 kilómetros de altura, y el aire enrarecido y la red de senderos producen una corriente de medallistas olímpicos. Se le conoce como “hogar de campeones”. En los últimos años, se ha vuelto conocida por algo más.
La familia de Cheptegei ha colgado una pancarta en la sala. Dice “Luchando por las Víctimas de Feminicidio” y enumera cuatro nombres:
Rebecca Cheptegei.
Damaris Muthee Mutua — estrangulada en Iten en abril del 2022. La policía nombró a su novio, Eskinder Folie, como principal sospechoso, pero él huyó a su Etiopía natal y los esfuerzos por capturarlo no han tenido éxito.
Edith Muthoni — velocista de 27 años asesinada en octubre del 2021. Su marido fue acusado en relación con su muerte en el 2022 y el caso continúa.
Agnes Tirop — asesinada a puñaladas la misma semana que Muthoni, un mes después de batir el récord mundial de 10 mil metros en Alemania. Su marido y entrenador, Ibrahim Rotich, confesó haberla golpeado en una acalorada discusión y luego se declaró inocente de su asesinato. El caso también está en curso.
Cada una de las atletas fue asesinada después de una disputa financiera que involucraba a su pareja. Las atletas cerca de Iten temen que no sean las últimas.
“Hay tipos que andan cazando a chicas con talento y luego se hacen pasar por entrenadoras. El 90 por ciento de las veces las atletas venimos de entornos muy vulnerables. Nuestros padres no tienen suficiente dinero ni comida, no pueden proporcionar toallas sanitarias a las niñas. Esos hombres proporcionarán eso inicialmente”, dijo Violah Lagat, una corredora keniana.
En Kenia, el atletismo es una ruta para salir de la pobreza. Unas 30 corredoras ganan más de 100 mil dólares al año, en una nación donde un tercio de la población vive por debajo del umbral de pobreza.
“En muchos casos, estos hombres están preparando o manipulando gradualmente a alguien para que deposite toda su confianza en ellos”, dijo Lagat. “Entonces se produce el control —cómo entrenan, a quién ven, qué hacen con sus ganancias”.
Lagat se formó en Iten durante la mayor parte de su vida adulta y tenía una relación cercana con Tirop. Tras la muerte de su amiga, decidió traer cambios. Tirop’s Angels, que Lagat cofundó con otra atleta, Joan Chelimo, es una organización benéfica operada por atletas que brinda asesoría y refugios seguros a personas que enfrentan abuso doméstico.
De acuerdo con la organización benéfica, tres cuartas partes de las mujeres a las que apoya han pensado en suicidarse.
Amenazas y violencia
Los problemas entre Cheptegei y Marangach comenzaron cuando ella decidió comprar su propia motocicleta para llevar a sus hijas a la escuela. Su familia dijo que Marangach pagó la moto con el dinero de Cheptegei, pero la registró a su nombre. Cuando Cheptegei se quejó, él la amenazó.
“Dijo que le mutilaría las orejas, la nariz y los genitales”, dijo Agnes Cheptegei.
Cheptegei ganaba carreras y ganaba más de 50 mil dólares al año.
“Dickson veía el dinero ingresando a la cuenta bancaria y tenía la clave PIN”, dijo Joseph, padre de Cheptegei. “Lo gastaba como quería. Rebecca no se sentía cómoda con eso y, en abril, fue al banco a cambiar el número.
“Después de darse cuenta de que Rebecca había hecho esto, Dickson regresó a casa furioso con un machete. El teléfono de ella se estaba cargando y él arremetió contra él con el machete. Ella se escapó de la casa en Kinyoro y lo denunció con la policía”.
La familia dice que poco después se produjo otro ataque no provocado, cuando él la noqueó con un puñetazo en la mejilla.
El activo más importante de Cheptegei era la casa en Kinyoro. La primavera pasada, Cheptegei y Marangach se habían separado, pero él insistió en que el terreno estaba a su nombre, trajo a su nueva pareja a la casa y se negó a irse. La policía lo detuvo, pero al mes regresó intentando cambiar las cerraduras.
“Ella volvió a llamar a la policía de Kinyoro, pero el oficial dijo que estaba cansado de todas las quejas en esta granja”, dijo Joseph.
Cuando se le preguntó sobre el manejo del caso de Cheptegei, Jeremiah ole Kosiom, comandante del condado de la policía de Trans Nzoia, dijo: “Como oficial superior, no me llegaron informes de mis subordinados. La investigación está en curso”.
Rendición de cuentas
Las mejores corredoras de Kenia son predominantemente kalenjin, la tercera tribu más grande del País. Tradicionalmente se les enseña que el hombre es la cabeza de familia, por lo que muchas compran propiedades a nombre del hombre, incluso si se financia con el dinero de la mujer.
De acuerdo con una investigación gubernamental del 2022, alrededor del 40 por ciento de las mujeres kenianas de entre 15 y 39 años han sufrido abuso físico. En el 2019, un sondeo del Gobierno arrojó que una de cada seis mujeres kenianas había sufrido violencia sexual antes de cumplir 18 años.
Selina Kogo trabaja como consejera para Tirop’s Angels. Incluso después de casi 20 años en este espacio, algunos casos la sorprenden, como el que involucra a una medallista internacional junior, de 13 años, y el entrenador de la niña.
“El problema surgió durante los masajes”, dijo. “Él le dijo que el sexo es parte del masaje, y como ella era solo una niña inocente, pensó que si él decía que era normal, era normal. Al año quedó embarazada, cuando tenía apenas 14 o 15 años”.
Las relaciones sexuales con un menor pueden castigarse con al menos 20 años de prisión. Pero nunca se reportó una denuncia de agresión.
Martin Tirop, hermano de Agnes, dijo que ella había reportado lo que había estado experimentando a Athletics Kenya, un comité ejecutivo, el año anterior a su muerte, “pero nadie la ayudó”. Otros atletas criticaron al grupo por no publicar un reporte que dijeron se prometió después de la muerte de Tirop. También cuestionaron el desequilibrio de género en el comité, que está formado por 13 hombres y cinco mujeres.
Athletics Kenya introdujo varias políticas nuevas este año, incluyendo un panel de seis personas —cuatro mujeres y dos hombres— donde se pueden denunciar la violencia de género y otras cuestiones de protección.
Muchas deportistas también temen que las acusadas de abuso nunca tengan que enfrentar la justicia. No se ha capturado a ningún sospechoso de la muerte de Mutua.
Rotich está en libertad tras pagar una fianza de 400 mil chelines kenianos, unos 3 mil dólares. “¿Y sabes el dinero para pagar al abogado?”, preguntó Janeth Jepkosgei, ex medallista de plata olímpica. “Ese será dinero de Agnes”.
Las normas policiales también han sido criticadas. Un portavoz de la policía del condado de Uasin Gishu insistió en que todos los casos se investigan, pero añadió que las atletas a menudo no daban seguimiento a sus denuncias y afirmó que muchos incidentes se resolvieron sin necesidad de intervención policial.
La familia de Cheptegei vive en el condado vecino de Trans-Nzoia. “Rebecca no habría muerto si la policía hubiera actuado”, dijo Joseph. “Mi hija se quejaba continuamente. No hicieron nada”.
Kosiom dijo que la investigación está en curso, dirigida por el inspector jefe detective, “y si la familia no se siente cómoda con los resultados de la investigación, pueden apelar”.
En casa de Cheptegei el sufrimiento es visible. Desde el ataque, Charity ha quedado demasiado traumatizada para volver a la escuela.
Joy es claramente una corredora veloz. La familia espera que se convierta en deportista. También esperan que Kenia cambie antes que ella.
James Gitaka contribuyó con reportes a este artículo.
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