TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Este jueves Honduras perdió a uno de sus mejores elementos en en el ámbito de la salud, el doctor
Cándido Ulises Mejía perdió la batalla contra el covid-19, enfermedad de la que siempre hizo conciencia a través de sus redes sociales y participaciones en medios de comunicación.
Mejía laboró por muchos años en el Hospital Mario Catarino Rivas de la ciudad de San Pedro Sula, departamento de Cortés, zona norte de Honduras, lugar donde también fundó su clínica privada.
Además, durante años transmitió su conocimiento a otras generaciones, pues laboró como docente de pregrado en la Universidad Católica de Honduras (Unicah) y también fue catedrático en el postgrado en medicina interna en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Su vasta preparación también lo llevó a liderar el departamento de dermatología del Hospital Mario Rivas y a representar al país a nivel internacional en espacios como el Colegio Iberolatinoamericano de Dermatología (CILAD), del cual era delegado y miembro de la mesa de estatutos y reglamentos.
Fue la misma crisis sanitaria la que lo motivó meses después a tomar el reto de tratar a pacientes con coronavirus de manera gratuita y para julio de 2020 aseguraba que más de 100 personas habían vencido a la enfermedad con su eficaz tratamiento.
Su técnica se convirtió en un respaldo para el tratamiento Catracho y MAIZ, pues consistía en suministrar varios medicamentos y tratar las afecciones en la piel que se presentan con la enfermedad.
Su deceso fue sentido no solo por sus familiares, amigos y colegas, sino también por pacientes y la población en general, pues siempre destacó por su don de servicio y su profesionalismo.
Mejía laboró por muchos años en el Hospital Mario Catarino Rivas de la ciudad de San Pedro Sula, departamento de Cortés, zona norte de Honduras, lugar donde también fundó su clínica privada.
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Desde su consultorio atendió a miles de hondureños que llegaban con padecimientos dermatológicos, pero además, utilizaba sus conocimientos para combatir otras enfermedades.
Amplia formación profesional
El galeno se especializó en dermatología y medicina interna en la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, área en la que tenía más de 25 años de experiencia.Además, durante años transmitió su conocimiento a otras generaciones, pues laboró como docente de pregrado en la Universidad Católica de Honduras (Unicah) y también fue catedrático en el postgrado en medicina interna en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Su vasta preparación también lo llevó a liderar el departamento de dermatología del Hospital Mario Rivas y a representar al país a nivel internacional en espacios como el Colegio Iberolatinoamericano de Dermatología (CILAD), del cual era delegado y miembro de la mesa de estatutos y reglamentos.
Pionero y servicial
Con la pandemia muchos médicos que brindaban atención en distintas especialidades se vieron forzados a suspender las consultas, pero el doctor Mejía decidió seguir prestando sus servicios a través del internet, para lo cual puso a disposición su número de teléfono y la modalidad de videollamadas, método con el cual atendió a niños y adultos.Fue la misma crisis sanitaria la que lo motivó meses después a tomar el reto de tratar a pacientes con coronavirus de manera gratuita y para julio de 2020 aseguraba que más de 100 personas habían vencido a la enfermedad con su eficaz tratamiento.
Su técnica se convirtió en un respaldo para el tratamiento Catracho y MAIZ, pues consistía en suministrar varios medicamentos y tratar las afecciones en la piel que se presentan con la enfermedad.
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Padre y esposo
El galeno estaba casado con Luisa Villafranca, quien tras la trágica noticia de su fallecimiento dirigió unas emotivas palabras 'Gracias pueblo hondureño porque todos querían a mi esposo; me duele su pérdida pero sé que él está con Dios', aseguró. Mejía también era padre de cuatro hijos, los menores eran dos varones gemelos con los que disfrutaba realizar paseos y postear fotografías en sus redes sociales.Su deceso fue sentido no solo por sus familiares, amigos y colegas, sino también por pacientes y la población en general, pues siempre destacó por su don de servicio y su profesionalismo.
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