Honduras

De las olorosas tabacaleras en Honduras a los finos estuches en el extranjero

El mercado del tabaco requiere de paciencia, se necesitan dos años para poder crear cada puro; para las empresas es más rentable exportar el producto que venderlo en el país

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18.09.2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- El suelo se encontraba todavía mojado pese a que los rayos del sol apuntaban directamente a la tierra. El lugar lucía casi vacío, solo estaba el encargado y un cipote que quitaba los brotes de las hojas de tabaco para mayor crecimiento. Al fondo se veían tres o cuatro hombres que preparaban la tierra para la siembra de octubre, pues este rubro da trabajo todo el año.

Cuando el equipo de EL HERALDO llegó a El Paraíso preguntó por las zonas de plantación de tabaco, pero en estas fechas del año es temporada de corte. Eran pocos los lugares donde todavía se veía una o dos manzanas de tierra repletas de las verdes plantas.

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Muchos no lo saben, pero la producción de tabaco en Honduras es tan importante como la del café, ya que además de ser el sustento de miles de hondureños también fortalece la economía del país.

Solo en el caluroso municipio de Danlí, en El Paraíso, están algunas de las empresas más reconocidas a nivel mundial, pues producen tabaco para marcas galardonadas. Sí, contrario a lo que dicen en la película The Punisher, donde comparan los habanos hondureños con los cubanos.

“Ni siquiera es cubano, es hondureño”, menciona uno de los actores mientras tira el habano al suelo.

Para Rolando Soto, sumiller de puros, esto ocurre por el desconocimiento, pues el tabaco sí tuvo sus orígenes en Cuba, pero en Centroamérica se logró algo que -actualmente- lo posiciona en el mercado mundial: las mezclas de variantes.

Incluso, este procedimiento ubica a Honduras como uno de los mejores productores de tabaco a nivel regional, solo después de Nicaragua.

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Procedimiento

Para crear un habano solo se necesita entre tres y cinco minutos para agarrar la capa, la tripa, envolver, sellar y perfeccionar. Suena sencillo, pero para concluir este último paso deben esperar casi dos años.

El procedimiento inicia en los campos, cuando los trabajadores siembran las semillas ordenadamente, como si fueran girasoles, solo que la flor que brota es pequeña y puede tomar un tono rosado. Para los productores lo importante son las hojas, (entre más grandes, mejor), por eso esperan dos o tres meses para cortarlas y llevarlas a las fábricas donde empiezan con el rolado o amarre, es decir, cuando las agrupan y enrollan con el fin de pasar a la fermentación. Hacer puros es como producir vino, entre más fermentado, mejor.

Al pasar entre 20 y 50 días, las hojas de tabaco son colocadas en pilones para que el peso les permita agarrar el mismo color.

“Lo vamos cambiando de lugar cada cierto tiempo, este pilón se desarma y las camadas que están abajo pasan arriba y las que están arriba pasan abajo”, comentó Ángel Luis Acosta, un ingeniero agrónomo de origen cubano que trabaja en Plasencia, una de las empresas más grandes en El Paraíso.

Durante todo el tiempo de fermentación la hoja se remoja con agua, ya que esto es lo que les permite tomar los colores y olores necesarios. En esa parte de la fábrica el olor a tabaco se siente a metros de distancia, incluso con mascarilla. Los expertos explicaron a EL HERALDO que este proceso se puede hacer de tres formas, pero la menos común consiste en ubicar las hojas de tabaco en un cuarto húmedo que parece un horno, ya que la temperatura llega a los 100 grados centígrados. El último paso en esta parte de la fábrica es el control de plagas y, cuando aún tiene un 16% de humedad, las hojas son empaquetadas para ir a otra parte de la fábrica.

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Detalles

Antes de armar el puro o habano, las hojas son llevadas a una de las partes de las fábricas donde el 99% de las empleadas son mujeres. No hay hombres, solo los que llegan con los paquetes de tabaco.

¿Por qué?, preguntó el equipo de EL HERALDO, la respuesta fue sencilla: mostró sus manos llenas de callos y exclamó con ironía “las manos de las mujeres son más delicadas”. Precisamente eso es lo que necesitan, manos suaves que no rompan las frágiles hojas que ya llevan casi 18 meses en diferentes puntos de la fábrica desde que fueron cortadas. Aquí, las mujeres -jóvenes en su mayoría- revisan cada hoja de tabaco, las separan por tamaño, calidad y color, según lo que pide el comprador. Posteriormente, son empacadas y enviadas a otra parte de la fábrica encargada de crear los puros.

En este proceso, EL HERALDO visitó una tabacalera de producción mediana (San Jerónimo) y una grande (Rocky Pastel). Las condiciones en ambas son completamente diferentes, pero tienen algo en común: cada puro es hecho a mano; desde el corte de las hojas usadas para la capa hasta la tripa, el sello de la marca y el empacado, todo es hecho por manos de hombres y mujeres.

Además, cada fábrica crea los finos estuches de madera de cedro (para mantener el aroma y sabor) en los que son guardados para exportarlos al extranjero, donde el mercado es favorable.

“Venido de la finca más de 500 veces usted toca el tabaco para que llegue a la boca del fumador”, comentó Ángel Acosta.

Exportación

En El Paraíso el 80% del mercado laboral está en las tabacaleras, pese a que ese departamento también produce café. El trabajo que realizan es detallado y perfecto, pues se trata de productos de exportación, ya que en Honduras la comercialización de habanos no es rentable.

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Solo en 2018 la exportación de tabaco dejó 48.24 millones de dólares, en 2019 la cifra cayó a 35.97 millones, pero en 2020, en plena cuarentena, aumentó a 45.02 millones, según el Banco Central de Honduras. Hasta junio de 2021 dejó 59.8 millones de dólares.

Honduras se ha posicionado como uno de los mejores productores de tabaco a nivel mundial, incluso, fabrica más de 100 millones de puros de 250 marcas al año. Más del 80% son exportados a Estados Unidos, pero el aroma y sabor que permiten el clima y las tierras hondureñas también cautivó a países como la elegante Francia, la exigente Alemania, la perfecta Suiza, la madre patria España y hasta la lejana Hong Kong.

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