Indiferencia

El Estado tiene una deuda moral por muerte de misquitos

Ninguna autoridad gubernamental ha tomado en serio la tragedia de estos indígenas. Ni siquiera se sabe cuántas demandas por muerte de buzos hay interpuestas

En las profundidades del mar Caribe rondan la muerte y el dolor.

Todos los años hay luto en la comunidad misquita que habita el departamento de Gracias a Dios por la defunción de decenas de estos buzos indígenas que, desesperados por el hambre, se lanzan a una aventura submarina que termina en lo siniestro.

Pero el desamparo legal con el que los aborígenes trabajan hace que tras su fallecimiento no haya compensación económica para sus familiares, con lo que la pobreza azota más a sus descendientes.

Según el Centro de Justicia y Derecho Internacional (CEJIL), unos 400 buzos misquitos han muerto debido a las condiciones extremas a las que se someten al trabajar bajo el agua.

El período en el que se produjeron estas muertes no fue precisado por esa organización. Los buzos se exponen a sufrir una descompensación debido al cambio atmosférico que experimentan al bajar a las profundidades o subir de forma intempestiva a la superficie.

En algunos casos la muerte es casi inmediata debido a los daños en los pulmones y sistema cerebral que genera el excesivo esfuerzo. Otros quedan con secuelas, con daños en sus sistemas motores u órganos vitales.

La falta de tratamiento adecuado hace que muchos misquitos agraven su situación y queden condenados a la muerte. Tal es el caso de Carlos Wood, de 62 años, quien padece una insuficiencia renal que lo tiene postrado en una silla de ruedas.

Sus pies hinchados parecen estallar y su ojos han sido invadidos de un color amarillento característico de esta enfermedad. “Aquí estoy, no ayuda, no hay comida ni medicinas”, lamenta.

Nadie sabe nada
El Estado ni siquiera tiene un listado de los buzos que mueren durante la faena de pesca de langosta.

Juan Rafael Rodríguez, coordinador local del Ministerio Público de Puerto Lempira, indicó que en 2011 se reportaron tres muertes por sumersión, pero que se ignora si fueron producto de las labores de buceo.

“Nosotros solo hacemos el levantamiento de los cuerpos, pero no se les hace una autopsia correcta, así que solamente se les hace un análisis, en caso de que fue por actividad del buceo solo se hace constar que fue por ahogamiento”.

El acusador recuerda que en 2010 perdieron la vida cinco buzos, pero no hay ningún procesado por esos casos.

En 2011 se registraron dos muertes y en una de ellas “no se pudo hacer el levantamiento porque fue en un lugar retirado y el cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición”, explicó. Pero, según la Asociación Misquita Hondureña de Buzos Lisiados (Amhbli), son tres los casos de muerte de misquitos los que sucedieron el año recién pasado.

Justicia
El encargado de la oficina de Análisis de Conflictos de la Secretaría de Justicia y Derechos Humanos, Leonel Casco, considera que el Estado tiene una deuda moral con esta población indígena y que ya es tiempo de que sea saldada.

“Creo que el Estado debe crear una legislación especial para la protección de sus derechos fundamentales, un programa de compensación económica para todas estas familias afectadas, algo parecido como el fondo destinado para los veteranos de guerra”. También reconoció que el gobierno debe facilitarles los trámites legales para sus reclamaciones judiciales ante las compañías y empresas nacionales e internacionales que los “superexplotan” de esa manera.

Pero este ideal parece lejos de alcanzarse. EL HERALDO consultó en diferentes entidades gubernamentales si existía un registro de cuántos expedientes de demandas por muerte o invalidez por causa del buceo extremo existían y comprobó que no hay ninguno.

Flaviano Martínez López, un misquito de 56 años, estatura mediana, delgado, calvo y de mirada retraída, carga una cruz desde hace 19 años al quedar “tocado de la cabeza” al sufrir el síndrome de descompresión.

Martínez pudo demandar a su patrono y asegura que “tenemos la sentencia ganada, pero ni han pagado”. Desde hace varios meses sale a la calle a mendigar para recolectar dos mil lempiras con los cuales pagar el boleto del barco que lo traslade de Puerto Lempira a La Ceiba para exigir a su exjefe que le pague una indemnización.

Por las polvorientas calles cercanas al parque central de la ciudad se le ve con una constancia médica que certifica su complicaciones neurológicas, la que muestra para se compadezcan de él y le den el dinero que requiere para movilizarse a La Ceiba para exigir justicia.

CIDH continúa juicio contra Honduras

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos celebró en octubre pasado el período de audiencias para escuchar testimonios de buzos misquitos en el proceso que 43 indígenas incoaron contra el Estado de Honduras.

Opario Lemoth Morris expuso ante esa instancia las secuelas físicas que sufrió por la peligrosa pesca que realizó durante años y el abandono del Estado para ayudarle a resarcir los daños.

Entre los grupos demandantes se encuentran la Asociación Misquita Hondureña de Buzos Lisiados (Amhbli), Miskitu Indiang Mairin Asla Takanka (MIMAT - Asociación de Mujeres Misquitas de la Costa Atlántica), Almuk Nani Asla Takanka (Consejo de Ancianos) y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL).

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