Áreas protegidas arden: más de 89 mil hectáreas afectadas por incendios

La magnitud de los siniestros en áreas protegidas equivale a 130 mil veces el tamaño del estadio Chelato Uclés. La Reserva El Cajón, el parque La Botija, la Biósfera del Río Plátano y la reserva Rus Rus son las más afectadas, en muchos casos producto de la mano criminal

  • Actualizado: 27 de abril de 2026 a las 23:40

Tegucigalpa, Honduras.- Las áreas protegidas en Honduras dejaron de verse como una muralla impenetrable y se convirtieron en blanco fácil de la mano criminal.

Las autoridades definen las áreas protegidas como espacios resguardados para conservar la biodiversidad, los ecosistemas y los recursos naturales, aunque en los últimos 6 años lo único que pudieron hacer fue tratar de contrarrestar los daños que dejaron 1,077 incendios forestales.

Entre 2021 y el 16 de abril de 2026, Honduras reportó más de 200 mil siniestros y, aunque solo el 0.5% ocurrió en áreas protegidas, el impacto fue en más de 89 mil hectáreas, de acuerdo con cifras publicadas en la plataforma Sigmof del Instituto de Conservación Forestal (ICF).

Los daños provocados equivalen a 130 mil veces el tamaño del Estadio Nacional Chelato Uclés, cuya cancha mide 105x65 metros cuadrados.

Manuel Rey, excoordinador de la carrera de Biología en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), lamentó que muchos de estos siniestros son provocados con objetivos claros: eliminar el bosque, abrir espacio para la agricultura y ganadería, para luego dedicarse al tráfico de drogas en la zona.

Refiriéndose específicamente a la Biósfera del Río Plátano, entre los departamentos de Gracias a Dios, Colón y Olancho, condenó que allí también hay pérdida de bosque para aprovechar el subsuelo, porque “hay una concesión de petróleo que ya está aprobada para explotación petrolera”.

“Ya estamos sufriendo (los efectos de la pérdida de bosques en áreas protegidas), lo que pasa es que los que están sufriendo son personas con bajos recursos y que no tienen acceso a los medios de comunicación para mencionar qué es lo que está pasando”, aseguró el docente.

En los reportes de las autoridades se menciona que el 73% de los incendios reportados en áreas protegidas son provocados por mano criminal.

¿A dónde ocurrieron?

Honduras cuenta con 93 áreas protegidas (75 legalmente declaradas y 18 a nivel propuesta), de las cuales el 66% han reportado al menos un incendio forestal en los últimos 6 años.

Según el ICF, estas áreas protegidas abarcan más de 5 millones de hectáreas, entre las zonas terrestres, marinas o bajo un esquema de conservación privado.

Los datos indican que 160 incendios forestales (lo que presenta 2 de cada 10 siniestros) ocurrieron en la Reserva de Recursos Represa Hidroeléctrica El Cajón, entre los departamentos de Cortés, Comayagua y Yoro, mientras que 104 (1 de cada 10) fueron en el Parque Nacional La Botija, ubicado en San Marcos de Colón, al sur de Honduras. Además, hubo 95 incendios forestales en la Biósfera del Río Plátano y 70 en la Reserva Biológica Rus Rus, ambas áreas protegidas en el departamento de Gracias a Dios.

Este rotativo encontró que, aunque en El Cajón hubo más incendios forestales, el impacto más grande se reportó en los bosques de la reserva Rus Rus, en el nororiente de Honduras. Los 70 incendios dañaron 35,372 hectáreas de bosque, que equivalen a 1.7 veces el tamaño de Tegucigalpa, cuyos 200 kilómetros se traducen a 20,000 hectáreas.

Esta cifra es tres veces superior a las 10,938 hectáreas afectadas en El Cajón, mientras que Biósfera del Río Plátano, donde la agricultura y ganadería expansiva acaparando cada vez más terreno, se reportaron 5,738 hectáreas.

En el sur de Honduras, justo en el departamento de Choluteca donde está el Parque Nacional La Botija, fueron un poco más de 4 mil hectáreas afectadas por incendios forestales en 6 años. Es decir que, en promedio, cada año los incendios impactaron 691 hectáreas.

Entre los municipios de Cantarranas, Talanga y Valle de Ángeles se encuentra el Parque Nacional La Tigra, que alberga bosques nublados y decenas de pinos. Esta área protegida es considerada el pulmón de Francisco Morazán, por su cercanía con la capital.

Según los reportes, en el parque se han reportado 69 incendios forestales en 6 años, sin embargo, la afectación se extiende en 3,617 hectáreas.

Con una extensión de 238 kilómetros cuadrados (equivalente a 23,800 hectáreas) los incendios han impactado en el 16% del terreno.

Para Rey esto es lamentable, sobre todo porque “un tercio del país tiene bosque actualmente. Y un tercio tiene ya zonas degradadas que no se pueden recuperar. Y un tercio restante, que incluye las grandes ciudades y las grandes industrias, son lugares donde la restauración del bosque es más costosa”.

“Lo que está sucediendo es que estamos perdiendo el capital natural del país que provee servicios ecosistémicos a la sociedad, que no se están valorando esos servicios ecosistémicos, como por ejemplo el agua fresca, el agua de calidad, como por ejemplo el ciclaje de nutrientes, las plantas medicinales, las fibras y otra serie de servicios ecosistémicos que están empobreciendo más a las comunidades locales”, dijo.

De seguir esta situación, según él, las comunidades locales van a degradarse, buscar otros lugares para poder vivir y presionar sobre los recursos que existen en las ciudades o, en su defecto, se podría ver un repunte en la migración.

“Hay una visión muy miope sobre la existencia o no del bosque como un activo, pero solamente se aprovechan los bienes, pero no se valoran los servicios”, condenó.

En la Biósfera del Río Plátano también se registran incendios forestales constantemente. EL HERALDO Plus realizó un recorrido por la reserva, observando que, posteriormente, usan esos espacios para la ganadería expansiva. También construyeron una carretera en medio del área protegida.

Jorge Luis Palma, director técnico de Amitigra, coincidió en muchos puntos con Rey, pero también destacó que los incendios provocan daños en cualquier lugar que ocurran, aunque en las áreas protegidas la afectación, incluso, es irreversible, porque se pierden especies endémicas de flora y fauna.

EL HERALDO Plus trató de contactarse con autoridades del ICF para conocer más detalles de estos siniestros. A través de la oficina de relaciones públicas dijeron que tratarían de conseguir una entrevista con el jefe del Departamento de Protección Forestal; al cierre de esta edición no se había concretado.

Pueblos indígenas de Honduras reclaman frenar la destrucción de la Biósfera Río de Plátano

El portavoz de las Fuerzas Armadas, el capitán Mario Rivera, informó que como institución tienen presencia en 55 áreas protegidas, donde mantienen monitoreo constante; también realizan vigilancia a través de videocámaras instaladas en sectores estratégicos para tener una alerta temprana en caso de que se registre un incendio forestal y actuar de forma inmediata.

Aseguró que al menos 4,000 efectivos son los encargados de vigilar y mantener patrullajes en áreas protegidas y reservas. Al ser consultado sobre el impacto de los siniestros en estas zonas, sobre todo porque los datos en poder de este equipo indican que el 73% fueron provocados, respondió que “eso ya corresponde al Instituto de Conservación Forestal, también a la Fiscalía Especial del Medio Ambiente, que son los encargados de realizar las investigaciones en torno a este tema. Nosotros como Fuerzas Armadas mantenemos patrullajes, mantenemos retenes, puntos de control en las diferentes áreas protegidas y zonas de reserva a nivel nacional”.

La Biósfera del Río Plátano fue catalogada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Es una reserva protegida por la ley, pero solo en papel. Pueblos indígenas denuncian incendios provocados, tala y deforestación masiva.

Incendios provocados

El pasado 19 de abril se registró un voraz incendio en el sector de La Montañita, en el municipio de Tatumbla. El daño no solo impactó en los bosques de pino, sino también en la fauna. Un día después, las autoridades publicaron imágenes captadas con dron de las personas que presuntamente habían iniciado el siniestro.

"Encontramos mediante dron a estas cuatro personas saliendo justamente del frente de este incendio. Denota claramente que son personas que andaban metiendo fuego porque donde ellos estaban tienen que conocer", informó Julio César Quiñónez, coordinador del programa de cambio climático de la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), dejando claro que el siniestro fue provocado.

Este no es el único caso. De los 1,077 incendios ocurridos en los últimos 6 años, el 74% fue provocado por incendiarios, es decir, personas que lo hicieron para causar daño en la biodiversidad.

Según Palma, muchos de estos incendios ocurren por el uso constante del fuego, sobre todo en un país donde queremos "arreglar todo con fuego".

Por ejemplo, 135 de los incendios fueron por quemas agrícolas, 74 para ganadería, 17 de colmeneros y 9 por quema de basura. También hubo casos en los que los responsables fueron cazadores y otros 7 producto de caídas de rayos.

“Si vos tenés una población de 10 millones y 5 millones de esos, están acostumbrados a usar el fuego para limpiar su terreno, para matar las garrapatas, para matar las culebras, para ahorrarte trabajo para cultivar, entonces vos el grado de probabilidad que tenés de que un incendio ocurra es súper alto. El problema es que no hemos trabajado todo este tema de la cultura del uso del fuego”, condenó.

Palma lamentó que quienes están detrás de los siniestros hacen retroceder la naturaleza a un estado anterior de sucesión ecológica. Es decir, que cuando se queman árboles adultos se hacen programas de reforestación o la misma naturaleza actúa para regenerarse, pero ya no son árboles adultos que tenían, incluso, hasta 200 años, sino jóvenes.

Los incendios tienen un impacto negativo en la flora y fauna. Expertos dicen que los animales rápidos pueden huir, pero otros, que son muy pequeños o lentos, fallecen por el fuego. Esta cría de coyote fue rescatado de un incendio forestal en el Cerro de Capire, en Nueva Armenia, en marzo de 2024.

“Somos la única especie que hace evolucionar la naturaleza, la hace regresar a como cuando no había nada. O sea, cuando no tenés animales, cuando no tenés plantas, cuando no tenés nada. Entonces hacemos a la naturaleza perderse realmente y cuando hablamos de bosques estamos hablando de árboles; estamos hablando de cientos de especies vegetales que están ahí, que son súper importantes, muchas veces más importantes que los árboles. Y luego tenés un montón de polinizadores, tenés un montón de mamíferos y después rompes los hábitos de estos animales”, condenó.

Esto, según dijo, ocurre con todas las especies, pero en el caso de los animales solo sobreviven los que son más rápidos, como el venado, pero especies como las tortugas mueren en el lugar porque no pueden huir del fuego.

“Y cuando esto vuelve a ser año con año, entonces vas a tener que disminuir el número de individuos. Sí existen 400 tortugas en las 100 hectáreas del bosque de la ciudad que se queman todos los años. Con un año pasaste de esas 400 tortugas, después tenés 200, después tenés 100, después tenés 50, hasta que llegas a no tener, ya no está ninguna de ellas ahí”, ejemplificó.

Dijo que desde Amitigra han detectado que hay sitios en los que se veían especies de venado, pero con los siniestros ya no se observan, lo mismo pasó con los pumas.

El excoordinador de la carrera de Biología, por su parte, afirmó que en la Biósfera del Río Plátano se ha detectado afectación para el águila harpía, que necesita de árboles frondosos para poder descansar, pero con la deforestación e incendios cada vez son menos.

“Las áreas protegidas estaban sirviendo de refugio de venados, de felinos, de dantos (tapires), que no podían estar en otros lugares que no fueran las áreas protegidas. Y entonces con los incendios están siendo desplazados, regresando otra vez a los valles donde son cazados o donde son confrontados con los daños del ganado, en el caso de los felinos. Los felinos llegan a buscar qué comer y, bueno, los cazan”, condenó.

“Tenemos que poner más atención sobre lo que estamos perdiendo, sobre la biodiversidad del país y, sobre todo, lo que estamos perdiendo de los medios de vida de las comunidades rurales”, afirmó, pues es donde se observa en gran magnitud el impacto ecológico.

Honduras ha reportado incendios forestales en 60 de las 93 áreas protegidas en los últimos 6 años. Las autoridades y expertos llaman a actuar debido al grave impacto en la biodiversidad.

Dijo que en el resto del país también se siente, solo que, no lo asociamos, no lo percibimos o se minimiza.

“Uno diría que algo que está pasando en la Biósfera del Río Plátano no tendría ninguna repercusión en Tegucigalpa. Sin embargo, mucho de la temperatura, de la alta temperatura que ha ocurrido en Tegucigalpa tiene que ver con el hecho de que los vientos alisios llegan a Tegucigalpa a través de la Biósfera del Río Plátano. Entonces, si se están desarrollando incendios en la zona, por ende también está subiendo la temperatura acá en Tegucigalpa”, concluyó.

Según Nabil Kawas, exdecano de la Facultad de Ciencias de la UNAH, los siniestros en áreas protegidas tienen un impacto inmediato en las temperaturas a 10 kilómetros a la redonda del lugar donde se produce, mientras que el humo es transportado por los vientos hasta otras regiones, como la capital, por eso se observa bruma en meses en los que las temperaturas son más cálidas.

Según él, la variación en las temperaturas de otras zonas ocurre a largo plazo, especialmente en el corredor seco, donde se siente más la sequía debido a la deforestación e incendios forestales. “Cada vez va en aumento a medida que va aumentando la deforestación, eso no hay duda, y el efecto sí es a mediano y largo plazo, porque para que se vuelva a reforestar lo que se deforestó, se necesitan años”, puntualizó.

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Haydi Carrasco
Haydi Carrasco
Periodista

Periodista por la UNAH. Coeditora y redactora de la sección de Datos e Investigación de El Heraldo Plus. Cubre temas relacionados con salud, educación, migración, medioambiente, derechos humanos y género. Con experiencia en periodismo de datos y visualización.