Vivió su juventud en medio de una atmósfera de pobreza y depravación por lo que “teníamos todas las posibilidades de perdernos”.
Pero Alberto Solórzano creyó en la promesa de Dios de que quien lo busca temprano sobreabundará de bendiciones, y así se abrió camino hasta ser un ministro que pastorea dos mil ovejas en el Centro Cristiano Internacional (CCI).
Solórzano, presidente de la Confraternidad Evangélica de Honduras, no solo arenga a la feligresía desde el púlpito, también es un experto en la floricultura cuya obra se puede ver en coloridos jardines de espacios públicos.
En la pulcritud de su oficina en CCI, el líder espiritual se distiende para relatar a EL HERALDO cómo se forjó su vida.
¿Usted fue jardinero?
La verdad es que trabajo en la actualidad en un negocio de jardinería, pero en algún momento de mi vida trabajé de jardinero. Hacía mantenimiento de jardines en casas, o sea, diseño, construcción y mantenimiento. He trabajado en lugares como la International School, bancos y gasolineras.
¿Dónde aprendió ese oficio?
Bueno, yo no soy agrónomo, soy autodidacta, aprendí en el camino. A mí me gustó la arquitectura, pero por el tema del llamado al ministerio y que me metí a servir y a estudiar el tema, entonces tuve que dejar eso, el estudio de la arquitectura y el tema de las plantas.
Antes de entregar su vida a Cristo, ¿cómo era Alberto Solórzano?
Yo conocí al Señor desde bien temprano. Mi mamá murió cuando tenía seis años y eso significó que nuestra familia se desintegrara y me obligó que nos llevaran hacia Choluteca a donde mi abuela materna. En ese contexto de pobreza, de necesidad, siempre recuerdo que de niño mi hermano mayor nos llevaba a la iglesia Tabernáculo Evangélico, quedaba en Comayagüela, o sea que como que ya había una semilla sembrada en el corazón nuestro y como a los 15 años, no es que estaba en drogas, pero sentí un llamado de meterme no solo en la Iglesia, sino que sentí un llamado a servir a Dios.
¿En Choluteca qué hizo?
Estudiaba. Terminé de graduarme ahí en la escuela Pedro Nufio, era pública, quedaba cerca de donde yo vivía, cerca de un río en el barrio Los Mangos, allá por los 80.
Luego entré al colegio, al instituto José Cecilio del Valle, hice plan básico y luego primero de comercio y luego me vine para Tegucigalpa y comencé a trabajar como conserje con el abogado Gustavo Acosta Mejía. Además estaba sirviendo en la Iglesia.
¿Qué tan dura fue esa época?
Bueno, difícil, porque desde que mi mamá murió fue una cosa complicada porque quedar sin mamá tan temprano y éramos siete hermanos y mi papá de manera lastimosa no pudo mantener cohesionada la familia; él salió a Estados Unidos y quedamos casi solos.
Al venir a Tegucigalpa ya estaba en la Iglesia, entonces siento que no fue una vida tan accidentada, no me metí en drogas, no me metí en nada de eso, sino que siempre procuré que mi vida estuviera apegada a lo que Dios dictaminaba, a tal grado que en la Iglesia encontré poder terminar mi carrera, comenzar a servir al Señor, encontré a mi esposa, y en el contexto de la Iglesia he formado a mi familia.
¿Qué complicaciones sufrió?
Digamos que cuando vivíamos en Choluteca vivimos en un ambiente muy limitado, desprovisto de las cosas básicas, y cuando vinimos a la capital yo vivía en un mesón de Comayagüela, en donde ahora queda el anexo del Banco Central de Honduras. Nosotros rentábamos la bodega de ese mesón, que no la habían hecho para un cuarto sino que para la bodega. Si ya de por sí los cuartos en una cuartería son deprimentes, la bodega era peor.
Vivíamos en un cuatro que el ancho era el ancho de la cama y de profundidad tenía casi los mismo y habíamos hecho un camarote (cama litera), vivíamos tres hermanos varones y mi hermana menor. Mi hermana dormía en una de las camas y la otra cama era para dormir una semana cada o uno.
¿Y mientras no le tocaba en la cama dónde dormía?
En el suelo. Habíamos arreglado hasta donde podíamos, no teníamos recursos. Yo trabajaba como conserje, mi otro hermano trabajaba en un lugar donde hacían casas de cartón y así nos tocó vivir esa etapa.
¿En ese ambiente era fácil caer en las drogas?
Sí, porque incluso la zona donde nosotros vivíamos era una zona deprimida de Comayagüela y frente a donde nosotros vivíamos había un bar para homosexuales, o sea, estaba rodeado de oportunidades. Obviamente la droga no estaba como ahora que está a la mano, lo que había era marihuana y cosas de esa naturaleza y no cocaína o cosas así.
Pero sí había oportunidades para caer en las drogas o caer en cuestiones sexuales o el alcoholismo; creo que el alcoholismo era el fuerte en esa época.
¿Le llegaron a ofrecer todas esas cosas?
Claro, siempre un joven, un hombre, una mujer, está rodeado tentaciones, de oportunidades para caer en lo que no es apropiado y tuve oportunidades de caer en esas cosas, pero creo que la ventaja fue el haber conocido a Dios temprano, el haber asumido con Él un compromiso profundo y la ayuda de Él creo que me guardó, a tal grado que yo llego al matrimonio virgen casi a los 27 años y logré tener mi castidad como yo le había ofrecido de tener mi primera relación sexual con la persona que yo me casara.
¿Cómo logra salir de ese periodo de la pobreza con tantas cosas en contra?
Yo creo que el entorno es absorbente y por esa secuela de haberse quedado sin padres le viene a uno una sensación de desgracia, de luto, de dolor, y uno se puede entregar a la derrota por la depresión, pero vuelvo a lo mismo, el haber conocido a Dios temprano, el haber tenido en mi entorno personas como el pastor René Peñalba, que fue prácticamente un padre para mí, un tutor, ese acercamiento que me formó, que trabajó con mi vida, que me dedicó mucho tiempo; me ayudó a no caer en eso y a generar propósito en mi vida.
Una vez que uno está en Dios uno encuentra no una ruta para retroceder, sino más bien para avanzar. Dios a uno le pone metas y anhelos, le forja futuro, que está con uno, que puede salir adelante, y así uno procura salir adelante.
¿Y qué fue de sus hermanos con los que vivía en el mesón?
Somos siete hermanos nosotros, de los que vivíamos cuatro ahí. Uno de mis hermanos comenzó a vivir donde un chino que casi lo adoptó en un bazar que este tenía porque el chino solo tenía una hija mujer. Mi hermano mayor se casó, otro hermano se fue para Estados Unidos, otro se quedó con mi abuela materna... y aunque todos fuimos por caminos diferentes, cuatro somos pastores. Nosotros teníamos toda las posibilidades de pedernos, pero todo fue un designio de Dios que no.
¿Usted se congregaba antes en Vida Abundante?
No, mi primer ministerio fue en Amor Viviente, ahí tanto el pastor René Peñalba como yo trabajábamos. Él era el pastor general y yo era el copastor hasta el año 99, luego salimos en el contexto de esa Iglesia y luego formamos esta Iglesia (CCI).
¿Por alguna situación crítica se fue de Amor Viviente?
Sí… bueno, lo que pasó fue que llegó el momento en que el trabajo del ministerio fue tan grande que se dieron situaciones de incompatibilidad en lo que era la visión que teníamos nosotros, además creíamos que ya era oportuno enrutar de una manera diferente para ver cumplir algunas de las cosas que nosotros sentíamos en Dios que teníamos que hacer.
Fue un desprendimiento, los desprendimientos siempre son dolorosos, siempre tienen un costo; pero sentimos que tomamos una decisión adecuada porque al sol de hoy hemos visto como Iglesia que se materializó lo que sentíamos en nuestro corazón que era nuestro llamado.
¿Desde cuándo es pastor?
Fui ordenado como pastor en 1983.
¿En el ambiente familiar qué tanto se cambia el chip de pastor?
Bueno, no es que uno se quita el ropaje de pastor, pero en la casa mi esposa espera a su esposo, no al pastor; y mis hijos esperan al papá, no al pastor; entonces yo no me llevo el púlpito a la casa, no predico en mi casa, pero tengo mis convicciones que son más allá del pastorado, tienen que ver con mi compromiso con Dios y en la casa lo que soy es un cristiano, un papá, un esposo.
Pero no se deja de hablar de la Palabra. Obviamente, hay altar familiar, hay oración, hay momentos para inducir a los hijos, para orientarlos. Hay consejería en la casa, pero no como se hace en la oficina. Mis hijos más quieren a un papá que al pastor.
¿Han seguido el camino cristiano sus hijos?
Sí, ambos son parte de la Iglesia, sirven dentro de la Iglesia y están encaminados. Uno de ellos quiere a futuro estudiar para el ministerio, para pastor, y combinar eso con una carrera universitaria; el otro no piensa estudiar para pastor, pero sí en una universidad cristiana.
¿Es correcto que haya megaiglesias?
Bueno, las megaiglesias yo creo que son el producto de las megaciudades, porque en la medida que las ciudades crecen las respuestas que se tienen que dar en las ciudades en crecimiento tienen que ver con eso.
En la vida del cristiano a veces hay etapas de crisis que salen de la iglesia.
¿Le ha tocado vivir eso?
No, nunca. Desde que yo entregué mi vida al Señor, que fue por el año 1978, he mantenido mi vida completamente apegada a lo que Dios ha determinado para mí y como le digo, yo decidí no ser un feligrés más, decidí ser un servidor más y ese compromiso ha estado siempre.
¿Su padre sigue vivo?
Sí, mi padre sigue vivo. Es un residente norteamericano, pasa tiempo aquí en Honduras y en Estados Unidos.
¿Mantiene buena relación con su padre?
Sí, de hecho ni nos encontramos tan frecuente como quisiéremos, pero sí mantenemos una buena relación y aprovechamos el tiempo para tener un contacto mucho más profundo.
Se critica que la Iglesia cogobierna con las autoridades de Estado, ¿lo considera así?
No es tanto cogobernar, recuerde que los que integramos las iglesias somos ciudadanos y se ha buscado tratar de establecer una distancia entre gobierno e Iglesia, que creo que es saludable, pero si usted lee la Biblia usted se da cuenta de que hombres de Dios siempre estuvieron a la par de los gobernantes procurando hacer una cosa: revelar lo que Dios pensaba acerca de los temas. Esa es la función de la Iglesia, no cogobernar sino recordarle a los gobernantes lo que Dios espera de ellos.
También se critica que muchos pastores viven en la opulencia.
Bueno, creo que hay extremos y yo diría que ningún extremo es saludable; es extremo ver a un pastor en la pobreza, lo que es inapropiado; como también es extremo ver a pastores en la opulencia. Es correcto tener lo que uno necesita para vivir básicamente.
¿La demanda de grupos homosexuales contra el pastor Evelio Reyes por pedir que no voten por candidatos gais sería el inicio de una ofensiva contra la Iglesia?
Creo que esta es una agenda que estos grupos mantienen desde hace tiempo atrás. Recuerde usted que cuando don Porfirio Lobo era presidente del Congreso Nacional estos grupos trataron de hacer una incursión para que se legislara a favor de los matrimonios de personas del mismo sexo y en la Constitución se ratificó que el matrimonio solo era entre hombre y mujer.
Evidentemente la Iglesia para estos grupos es una especie de estorbo. Pero la Iglesia se pronuncia tal y como el texto bíblico expresa es el pensamiento de Dios sobre este tipo de comportamiento, y ven a la Iglesia como un grupo fundamentalista, extremista, retrógrado.
¿Puede un homosexual dejar de serlo si pide perdón a Dios?
Claro, así como un criminal, un alcohólico puede ser sanado, nosotros creemos en la sanidad. Rotundamente sí, tenemos casos de personas que han vivido ese tipo de vida y están ahora en las iglesias y sirviendo a Dios.