Hoy, cuando los cristianos conmemoran el Día de San José, padre terrenal de Jesús, los hondureños celebran el Día del Padre, una ocasión muy especial para reflexionar sobre el papel de los progenitores en la vida de sus hijos y la sociedad en general.
Si bien es cierto, la irresponsabilidad paterna es la principal culpable de gran parte de los problemas que hoy enfrentamos -que comienzan con la ruptura de esa célula clave en el organismo social que es la familia y continúan con la gran cantidad de hogares monoparentales-, también existen muchos padres que hacen su mejor esfuerzo para cumplir con el rol que les corresponde.
Pero los cambios que ha sufrido nuestra sociedad, principalmente en lo relacionado a la masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral, hacen que cada día sea más difícil convertirse en un buen padre, pues al rol tradicional -de proveedor de lo material y “mano fuerte” para imponer la disciplina- se suman ahora los papeles que antes eran asignados casi en exclusiva a las mujeres.
Así, un buen padre no solo debe satisfacer todas las necesidades materiales de sus hijos, sino también incorporarse en cuerpo y alma al resto de las acciones indispensables para que también crezcan sanos en lo emocional, en lo intelectual y en lo espiritual. Pero para lograr esto no solo resulta indispensable la seguridad y la estabilidad que provee un hogar sólido, sino también los consejos oportunos, la vigilancia permanente, la comunicación fluida, la empatía, una mente abierta y mucho, mucho más.
Es ese sentido, los padres que cumplen con las necesidades básicas de sus hijos y que se esfuerzan por ir un poco más allá merecen el reconocimiento y la consideración no solo de su familia sino que de la sociedad entera, ya que tienen hoy niños felices y seguros, pero con ello contribuyen de manera decisiva a crear una mejor sociedad para el futuro.