Está llegando la hora cero, la capital hondureña se está quedando sin agua, lo que complica todavía más la situación de incertidumbre en la que vive la población por la cuarentena obligatoria para evitar el contagio con el coronavirus.
Mientras los usuarios reclaman que los calendarios de racionamiento no se cumplen en los barrios o colonias en donde residen, los funcionarios del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (SANAA) dicen estar haciendo malabares para abastecer a la población, porque las represas están vacías.
La situación es más grave para los que viven en zonas marginadas y en los cerros que rodean la ciudad, ya que ahí el agua no llega por cañerías sino que de manera esporádica, cuando las autoridades les mandan una cisterna o llegan los distribuidores privados, que han incrementado los precios del galón hasta en un 300%, según las denuncias de los pobladores.
En medio de la crisis por la pandemia del Covid 19 surge una pregunta: ¿de dónde sacará agua la población para lavarse las manos constantemente con agua y jabón?
El panorama sin duda es desolador y así como la pandemia nos ha orillado a cambiar nuestras rutinas de vida, la falta de agua en los embalses que abastecen la ciudad también nos obliga a hacer un uso más racional de las reservas existentes.
En una crisis similar hace ya muchos años, dos décadas quizás, el entonces gerente del SANAA, Julio Cárcamo, cuando se enfrentaba a una crisis similar de escasez, recomendó a la población racionar el líquido y hacer como él, que en vez de bañarse en la regadera lo hacía con una cubeta agua. Eso le valió el apodo de Julio Cubeta.
Ya Julio Cárcamo no está con nosotros en este mundo, pero su consejo tiene hoy más vigencia que nunca. La única opción válida en estos momentos es la de racionar el uso del agua potable, por mientras llegan las lluvias de mayo y las autoridades concluyen los procesos de licitación para la construcción de nuevas represas