Hemos publicado en nuestra sección País que las actuales autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores han congelado la depuración en nuestro servicio exterior.
Ley de Servicio Diplomático y Consular obligaba, dentro de los dos meses de su puesta en vigencia, a que el personal que no es de carrera acreditara su título universitario, pero este mandato fue suspendido con una circular de Relaciones Exteriores, según la nota.
Y agrega que “quienes se han beneficiado de esta dilatoria han sido decenas de funcionarios que no llevan el perfil para continuar en sus cargos, según requerimientos de la Ley de Servicio Consular y Diplomático, que entró en vigencia el 7 de junio de 2013”.
A lo largo de toda la gestión del presidente Lobo Sosa escuchamos la misma perorata. Primero fue el canciller Mario Canahuati que ofreció un servicio exterior profesional y técnico, focalizado en la promoción del país para atraer inversiones.
Después fue Arturo Corrales quien pregonó a los cuatro vientos cambios radicales en la cancillería, sus embajadas y consulados. Incluso, llegó a ponerse un tiempo y todo volvió a quedar en intenciones.
Las actuales autoridades igual no han demostrado ni voluntad ni intenciones y peor hay una circular para congelar la Ley de Servicio Exterior en lo referente a cambios de personal. Y es muy difícil que ahora que ya restan pocos días para la conclusión de esta administración se haga algo.
Entonces tenemos Cancillería para rato para aquellos que disfrutan del padrinazgo, amiguismo, sectarismo político y nepotismo.
No es de extrañarse, siempre ha sido así.
Los funcionarios prometen y prometen, pero siempre hay fuerzas poderosas que frenan los cambios, así que la Secretaría de Relaciones Exteriores seguirá siendo una oficina de empleo para algunos privilegiados.