El testimonio de un ciudadano estadounidense, republicano y seguidor de Donald Trump y su “America first”, explica algo de lo que está sucediendo en el país más poderoso del mundo: Creí que detrás de su discurso había un plan estratégico para impulsar a nuestro país a ser grande otra vez, pero en vez de eso, veo que lo que hay son los deseos de un presidente que, en realidad, no sabe a dónde nos lleva...
Y esto no es un sentimiento asilado, sino la reacción a lo que está sucediendo en torno al inquilino de la Casa Blanca. Aunque Trump no cesa de repetir que “estamos haciendo cosas maravillosas”, sus palabras ya no son convincentes y temas como los archivos de Epstein, la brutalidad de ICE y, sobre todo, los efectos de la guerra innecesaria contra Irán, ubican al presidente en el centro de un laberinto complejo en el que no será fácil encontrar una salida... si es que la encuentra.
Un indicio concreto de sus erráticas decisiones es el rompimiento de lo que podríamos llamar su “círculo de hierro”. Ese laberinto comienza en casa. En menos de dos meses, Trump ha perdido a tres de sus piezas más leales. La última de las “víctimas” es la de la fiscal general Pam Bondi, destituida en medio del caos que ha existido en torno a los archivos Epstein, lo que, según la prensa independiente de aquel país, podrían pasarle una factura muy cara al mandatario. ¿Por qué prescindió de ella cuando era una de sus más fervientes defensoras? Me parece que muchos empezarán a pesar si el costo de estar con él es más alto que el beneficio de la lealtad.
Antes hubo una rotura muy costosa en ese “círculo de hierro”. Joe Kent, casi un acólito de movimiento MAGA de Trump, renunció al cargo de director del Centro Nacional Contra el Terrorismo y lo hizo de la manera más contundente. En dos platos, dijo que el presidente había engañado al pueblo estadounidense.
Irán no representaba ninguna amenaza inminente contra nuestra nación. Esta frase es demoledora porque Kent, en su calidad de jefe de contraterrorismo, tenía acceso a la inteligencia que supuestamente justificaba la guerra. Al decir esto, acusa a Trump de mentir al pueblo estadounidense. Peor aún, Kent agregó que la Casa Blanca aceptó ir a la guerra por “presiones del poderoso lobby de Israel”.
Finalmente, el rompimiento de aquel “círculo” se dio con la salida de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, destituida después de un escándalo destapado en el Congreso por corrupción en torno a la campaña de publicidad anti migrantes, un escenario agravado por la brutalidad de los agentes de ICE.
Mientras Estados Unidos parece atrapado en una guerra compleja en Medio Oriente, en lo doméstico se especula que dentro de aquel “laberinto” pueda resurgir con fuerza el Fantasma de Jeffrey Epstein, nunca apartado del todo de la figura de Trump.
Y el tema de la guerra no es para nada menor. Además de la salida de Kent, ahora se anuncia la destitución del oficial de más alto rango en el ejército, el general Randy George, quien aparentemente no estaba de acuerdo con enviar tropas a Irán, una acción que Trump no ha descartado como medida extrema para forzar el fin de una guerra que ha terminado por golpear a todo el planeta por el alza del precio del petróleo y sus efectos colaterales.
Las encuestas muestran el sentimiento que todos estos factores provocan entre los estadounidenses: por primera vez la popularidad de Trump ha caído a niveles de entre 33% y 36%, su nivel más bajo desde que se inició su segundo mandato.
Sus tres bastiones para su victoria en las elecciones de 2024 eran claros: mejorar la economía –no lo ha logrado y los precios suben, especialmente tras el inicio de la guerra–; poner fin a la guerra de Ucrania –no ha sucedido y en vez de ello, el país se ha involucrado en una propia–, y cerrar las fronteras a la inmigración de indocumentados –cumplido parcialmente, pero a costa de una brutalidad que desgasta por parte de ICE–.
En ese laberinto hay trampas por la economía, migrantes, guerras, mentiras, cambios de altos funcionarios, confrontación permanente con la prensa crítica y el rechazo generalizado entre sus gobernados, que exigen “no kings” (no reyes), pues comparan su estilo autoritario con el de reyes de la Edad Media.
Si sus constantes burlas y comentario peyorativos contra su antecesor, Joe Biden, influyeron positivamente en sus primeros meses de mandato, ahora su calificación en el manejo de la economía es inferior a la del demócrata. Otro índice que muestra lo perdido que anda Donald Trump en el “laberinto”.
¿Cómo salir de tal desbarajuste que él mismo ha provocado? Sin duda que no es tarea fácil, y todo indica que él mismo está abonando en contra de los republicanos para las elecciones de noviembre, en donde podría perder el control del Senado y la Cámara de Representantes, algo que cerraría alguna de posibles salidas de ese laberinto en el que él mismo quiso entrar y ahora se encuentra perdido... ¿Cuál será el siguiente capítulo? Muy pronto se sabrá?