¡Basta ya de injusticia y de mentira!

  • Actualizado: 24 de agosto de 2026 a las 00:00

La injusticia y la mentira forman una pareja perversa. Cuando se instalan en la política, dejan de ser simples faltas morales para convertirse en instrumentos de poder capaces de deformar las leyes, debilitar las instituciones y destruir la confianza de una nación.

La mentira oculta la verdad, fabrica engaños y pretende convertir lo falso en verdadero. La injusticia completa el daño, porque protege al culpable, castiga al inocente, premia la corrupción y despoja al ciudadano de sus derechos. Juntas producen impunidad, miedo, incredulidad y desconfianza.

Honduras ha soportado esta crónica enfermedad política durante largos años. No pertenece exclusivamente a un partido, ideología, gobierno o sector. Ha contaminado espacios del sistema político, poderes del Estado, instituciones públicas y organizaciones privadas, donde llaman bueno a lo malo y malo a lo bueno.

El resultado es el debilitamiento del Estado de derecho, corrupción, impunidad, pobreza, desempleo, migración, violencia, narcotráfico, crimen organizado, nepotismo, abuso de autoridad, fraude electoral, encubrimiento y apropiación de recursos públicos. Cada acto de corrupción no solamente roba dinero; roba escuelas, hospitales, carreteras, empleos, seguridad y oportunidades.

Pero existe un daño supremamente grave: el ejemplo que reciben nuestros niños y jóvenes. ¿Qué aprende un niño cuando observa que mentir puede conducir al poder? ¿Qué aprende un joven cuando comprueba que quien viola la ley puede conservar privilegios, influencias y riquezas? Aprende que la honestidad no sirve, que el esfuerzo no vale y que la justicia puede comprarse. Esa enseñanza destruye el futuro antes de que llegue.

Una nación no progresa cuando sus nuevas generaciones crecen desconfiando de la palabra pública, de los tribunales, de las elecciones, de la autoridad y de la propia democracia. Sin confianza no existe cohesión social; sin justicia no existe paz verdadera; sin verdad no existe democracia sólida.Por eso, Honduras necesita decir: ¡basta ya!

¡Basta ya! de utilizar el poder para proteger intereses particulares. ¡Basta ya! de manipular leyes, instituciones y conciencias. ¡Basta ya! de convertir cargos públicos en refugios de impunidad. ¡Basta ya! de normalizar la injusticia y la mentira. ¡Basta ya! de justificar y premiar la corrupción.

La sociedad civil, empresarios, trabajadores, profesionales, fuerzas armadas, policía, universidades, medios de comunicación y partidos políticos tienen una responsabilidad histórica de colocar la verdad, la justicia, la ética y el bien común por encima de cualquier interés partidario o personal.

Felizmente, no todos los políticos son corruptos y, precisamente por ello, los honestos deben diferenciarse con hechos de transparencia y rendición de cuentas. Honduras necesita servidores públicos de ficha limpia, instituciones independientes y ciudadanos dispuestos a defender la legalidad.

La reconstrucción nacional comienza cuando la verdad deja de negociarse y la justicia deja de arrodillarse ante el poder.Los hondureños merecemos recuperar la confianza, la dignidad y el buen ejemplo que entregaremos a las próximas generaciones. Ese compromiso no admite más excusas. Queda Planteado.

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