Es una tragedia que agonicen las pocas librerías del país, varias han cerrado y las que sobreviven lo hacen vendiendo cuadernos, lápices o las distintas leyes y códigos de la jurisprudencia nacional.
Esto dice mucho del nivel cultural de los hondureños, en cuyas listas de necesidades familiares no figura el alimento espiritual o intelectual.
Nunca hemos tenido librerías bien surtidas, pero en la década de los ochenta había en Tegucigalpa unas tres donde de vez en cuando se podían encontrar obras dignas de adquirir.
Mi estimado amigo y camarada, el poeta talangüeño Óscar Amaya, durante un buen tiempo de aquellos años azarosos me contagió con el hábito de salir juntos los sábados por la mañana a recorrer las librerías de la capital para escudriñar en sus estantes las nuevas adquisiciones para hacernos de por lo menos un libro en cada una de esas excursiones, que terminaban con largas conversaciones políticas en algún restaurante o cafetería. Hoy las librerías exhiben durante meses o años los mismos títulos.
No agonizan porque los libros electrónicos hayan ganado la batalla y desplazado a los impresos, sino porque a los niños y jóvenes no se les ha inculcado el hábito de la lectura, cuando se les pide que lean un buen libro refunfuñan y se quejan por el “gasto”, inclusive los padres de familia se molestan. Los maestros de hoy ya no les exigen nada a los alumnos, simplemente porque no tienen autoridad moral para hacerlo ya que ellos carecen de un mínimo nivel de formación cultural.
Pero también son cómplices de este crimen cultural instituciones como la Universidad Nacional Autónoma que liquidó la Librería Universitaria, donde en décadas pasadas se podía encontrar literatura universal variada y a bajo precio.
A ella se suma la indiferencia del Ministerio de Cultura, incapaz de promover una política pública del libro. Decía el extinto Herman Allan Padget que el país no solo necesitaba carreteras y empresas para desarrollarse, sino también hombres ilustrados y con calidad humana, aspectos que se alcanzan fundamentalmente leyendo buena literatura.