Una bomba dormida desde los 80´: vestigio bélico que Olancho guardó por más de 40 años
El artefacto, que habría permanecido en la zona desde la década de 1980, fue localizado durante un patrullaje ambiental y destruido mediante detonación controlada para evitar riesgos a la población.
- Actualizado: 27 de febrero de 2026 a las 09:56
El artefacto explosivo, de fabricación rusa y con un peso de 250 libras, permaneció oculto durante más de cuatro décadas en una zona montañosa y de difícil acceso. Por alguna razón no detonó al ser lanzada desde los aires hasta este día que fue ubicada por las autoridades.
Especialistas en desactivación inspeccionan los fragmentos de la bomba, cuya estructura se encontraba parcialmente desprendida al momento del hallazgo.
La RBK-250 contenía 30 submuniciones antitanque, capaces de provocar daños severos en un radio de varias decenas de metros.
El hallazgo se produjo durante un patrullaje orientado a la protección ambiental, en una región históricamente aislada del departamento de Olancho.
Miembros del 16 Batallón de Infantería custodian el perímetro donde fue localizada la bomba de racimo RBK-250 en la remota comunidad de San Andrés del Bocay, en Olancho.
La parte externa del artefacto quedó a centímetros del compartimento que alojaba los explosivos, lo que incrementaba el riesgo ante cualquier manipulación.
De acuerdo con las Fuerzas Armadas, la bomba habría sido lanzada por vía aérea en la década de 1980 y no detonó por una posible falla en el impacto.
El descubrimiento revive los ecos de la tensión bélica que marcó a Centroamérica durante los años más álgidos de la Guerra Fría.
El Equipo de Destrucción de Municiones y Explosivos ejecutó la detonación controlada para eliminar cualquier amenaza a la población cercana.
La zona fue resguardada como medida preventiva, evitando el tránsito de habitantes y garantizando la seguridad durante la operación.
El hallazgo evidencia cómo vestigios de conflictos pasados aún permanecen ocultos en áreas rurales y boscosas del país, representando un verdadero peligro para personas inexpertas que podrían manipular el artefacto creyendo que ya no tiene explosivos.
Tras la explosión controlada, el terreno quedó asegurado, cerrando un capítulo silencioso que permaneció enterrado por más de 40 años en las montañas de Olancho.