"No podemos dejar a nadie atrás": venezolanos siguen buscando desaparecidos un mes después
Entre túneles abiertos bajo los escombros y altares improvisados sobre el hormigón, familias venezolanas siguen buscando a sus muertos tras el terremoto
- Actualizado: 23 de julio de 2026 a las 14:22
Usando el rastro que dejan las moscas, grupos de ciudadanos equipados con picos, palas y herramientas de protección -o sin ellas- cavan túneles entre las montañas de escombros de los edificios de una urbanización construida por el Gobierno en la localidad de Caraballeda del estado costero La Guaira, el más devastado por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio.
En uno de ellos un hombre asegura haber detectado un golpe como señal de vida la noche del miércoles, lo que ha provocado un despliegue de voluntarios con bomberos y ambulancias a la espera de esa posibilidad.
En uno de ellos un hombre asegura haber detectado un golpe como señal de vida la noche del miércoles, lo que ha provocado un despliegue de voluntarios con bomberos y ambulancias a la espera de esa posibilidad.
La escena demuestra que quienes siguen en pie no solo exigen a sus muertos, sino que se niegan a perder la fe. Lo hacen en un país donde las autoridades contabilizan casi 5.400 muertes y omite el recuento de los desaparecidos, estimados en unos 29.400, según la plataforma ciudadana 'Desaparecidos Terremoto Venezuela'.
"El trabajo hay que seguir haciéndolo porque estamos en una situación en la que no podemos alarmar ni positiva ni negativamente", dice a EFE Gómez Arroyo, líder de la brigada que escuchó el golpe y determinó señales de calor con un escáner. "Existe algo llamado fe", continúa.
Al otro lado de ese complejo de viviendas, Javier Navarro busca a nueve familiares. "Tenemos que sacar a nuestra familia, así sea a pulmón, en las circunstancias que sea. Nosotros no podemos dejar a nadie atrás", dice a EFE Navarro, de 36 años.
Navarro encontró a su madre y abuela hace tres días en un avanzado estado de descomposición. Trabaja de noche para eludir el sol inclemente de La Guaira y lo acompañan otros familiares que se turnan para excavar, mientras la ciudadanía los apoya con alimentos y herramientas.
Ha tenido calurosos debates con conductores de maquinaria pesada para impedir la remoción de escombros en la zona en la que sus "topos" trabajan. "No nos vamos a rendir. Que ni se les ocurra, porque nosotros no lo vamos a aceptar", responde Navarro al ser consultado sobre la posibilidad de que las autoridades puedan pedir que se retiren de allí.
Mientras desde la cima de esas toneladas de hormigón, donde ondea una bandera venezolana, se ven decenas de familiares escarbando entre los restos; otros luchan contra la burocracia de las morgues porque, habiendo sacado los cadáveres de sus parientes de entre los escombros y entregados allí, luego no pudieron recuperarlos.
Es el caso de la familia de Amir Infante, un adolescente de 16 años que quedó atrapado entre las puertas de una nevera, mientras un edificio de Playa Grande le caía encima. Resistió durante al menos 13 horas y cuando fue sacado de los escombros, por unos vecinos, falleció.
Su padre, Jaime, cuenta a EFE que lo llevó cargado en brazos en una moto hasta un hospital en La Guaira, donde juntaron su cuerpo con el de un grupo de fallecidos, luego de ponerle un código. Allí empezó el periplo de la desaparición. El señor Infante hizo todo el trámite para que le entregaran el acta de defunción, pero cuando fue a retirar el cuerpo para el sepelio nadie supo responder.
Ahora planean tomarse muestras de sangre ante la convocatoria del Estado para identificar cuerpos con ADN.