Detenidos y ataques frustrados: tres incidentes de seguridad en torno a Donald Trump en dos años
Desde un mitin hasta una cena oficial, Trump ha sido blanco de tres atentados en dos años, todos frustrados, que han encendido las alarmas de seguridad en Estados Unidos
- Actualizado: 26 de abril de 2026 a las 08:26
Casi dos siglos después de que un pistolero fallara dos veces sus disparos contra Andrew Jackson en los corredores del Capitolio, la sombra del magnicidio sigue sobrevolando la política estadounidense. El presidente Donald Trump ha sido, probablemente, objeto de tres atentados en los últimos dos años, una cifra sin precedentes en la historia moderna del país.
Un hombre disparó la noche del 25 de abril de 2026 fuera de la sala donde el presidente estadounidense, Donald Trump, asistía a la cena de gala de corresponsales de la Casa Blanca en Washington. El individuo, Cole Allen, un californiano de 31 años, fue interceptado y detenido por el Servicio Secreto. Trump resultó ileso.
El 13 de julio de 2024 sufrió un atentado mientras pronunciaba un discurso en un mitin de su candidatura en Butler (Pensilvania).
Tan solo sufrió una herida por la rozadura de una bala en su oreja derecha, aunque un ciudadano perdió la vida y otro resultó herido. El autor del disparo, Thomas Matthew Crooks, un joven de 20 años, fue abatido.
Dos meses después -el 15 de septiembre- sobrevivió a otro intento mientras jugaba al golf en su club de West Palm Beach (Florida).
El Servicio Secreto detectó a un hombre armado con un rifle apostado entre la maleza junto al campo. El sospechoso, Ryan Routh, de 58 años, huyó antes de abrir fuego y fue detenido posteriormente.
Además, el 12 de octubre de ese mismo año, un hombre armado, Vem Miller, de 49 años, fue detenido en el control de seguridad de un mitin de Trump en Coachella, California. Fue puesto en libertad el mismo día bajo fianza y negó cualquier intención de matar al expresidente.
Los recientes episodios contra Trump no son, sin embargo, una anomalía en la historia del país. Cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados a lo largo de la historia estadounidense: Abraham Lincoln en 1865, James A. Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John F. Kennedy en 1963. Una estadística que, según los Archivos Nacionales de EE.UU., equivale a que uno de cada nueve presidentes ha perdido la vida a manos de un agresor.
El primero fue Lincoln, abatido a quemarropa en el Teatro Ford de Washington por el actor confederado John Wilkes Booth mientras asistía a una función teatral. Le siguieron Garfield, tiroteado en una estación de ferrocarril de la capital por un aspirante a cargo público despechado, y McKinley, alcanzado por dos balas durante un acto público en Búfalo.
La proliferación de armas, la polarización política y la visibilidad mediática de los líderes convierten a EE.UU. en un caso singular de riesgo para sus dirigentes entre las democracias occidentales.