EN FOTOS: Roatán bajo el sargazo; así luce la invasión en las playas de West Bay
Una invasión de algas amenaza el turismo en Roatán. Autoridades usan maquinaria pesada en West Bay para frenar el mal olor y el impacto ambiental
- Actualizado: 07 de febrero de 2026 a las 10:53
Las paradisiacas playas de West Bay, en Roatán, amanecieron cubiertas por una densa capa de Sargazo (macroalgas flotantes) este sábado 7 de febrero, impidiendo que los pobladores y turistas puedan disfrutar del agua azul turquesa y de la arena blanca de la isla, lugar emblemático de Honduras. A continuación los detalles y las imágenes.
Pobladores de la zona manifestaron ante los medios locales este sábado, que la magnitud de este fenómeno no se había visto antes. Sospechan que el clima en la zona pudo haber sido uno de los factores que desencadenaron el sargazo en las playas.
Asimismo, mencionaron que el hecho encendió las alarmas en temas de turismo, pues debido a la presencia del sargazo las personas no pueden nadar ni estar en las playas en estos momentos.
La urgencia radica en que para la próxima semana se tiene previsto el arribo de al menos 19 barcos cruceros, sumado a que la ocupación hotelera en la zona es actualmente muy alta.
Ante la crisis, la Municipalidad de Roatán ha tomado cartas en el asunto, sumándose a las jornadas de limpieza.
Las autoridades locales están apoyando con maquinaria pesada y un trabajo coordinado con el personal de los hoteles para retirar la biomasa y devolverle a la playa su atractivo natural.
Según expertos, el sargazo está compuesto por macroalgas pardas denominadas "Sargassum natans" y "fluitans". Aunque en mar abierto funcionan como refugio para diversas especies, su arribo masivo a las costas, impulsado por el cambio climático, genera graves problemas ambientales y logísticos.
En National Geographic han referido que entre las características principales del sargazo, destacan su color pardo y sus vesículas de gas que les permiten flotar a la deriva.
Recientemente, estas masas han surgido con mayor fuerza en el Atlántico tropical, afectando directamente al Caribe.
El impacto en el ecosistema es severo: su acumulación bloquea la luz solar para los corales y reduce el oxígeno en el agua.
Además, interfiere directamente con la anidación de tortugas marinas, una de las riquezas naturales de la región.
Para el sector turístico, el mayor reto es el ácido sulfhídrico que se libera durante su descomposición. Este gas emana un fuerte olor que puede causar náuseas y problemas respiratorios, dañando profundamente la experiencia de los visitantes en la isla.