Tegucigalpa, Honduras.-Aunque las playas de West End y West Bay, en Roatán, Islas de la Bahía, ya lucen limpias, el problema del alga de sargazo continuará afectando este paraíso turístico.
Así ocurre desde 2011, pero no solo en Honduras, sino en todo el Caribe, sobre todo en las costas de República Dominica y hasta México.
El sargazo es una alga marina parda flotante que se desarrolla principalmente en mar abierto y que posee pequeñas vesículas llenas de gas que le permiten mantenerse en la superficie del agua.
En condiciones normales no es un enemigo. En mar abierto, es un ecosistema flotante que sirve de refugio a peces juveniles, camarones y otras especies.
El problema surge cuando llega en cantidades masivas a las costas, pues cuando se acumula empieza a podrirse y liberar gases como el sulfuro de hidrógeno, responsable del característico olor a huevo podrido.
Ese gas puede provocar dolor de cabeza, mareos, irritación en ojos y garganta, náuseas y complicaciones en personas con asma. El riesgo es mayor para quienes trabajan en la limpieza de playas o pasan largas horas cerca de las acumulaciones.
Al acumularse, bloquea la luz solar y afecta corales y pastos marinos, reduce el oxígeno del agua al descomponerse, genera zonas sin oxígeno que provocan mortandad de especies.
Además, libera gases tóxicos y altera la dinámica de las playas, compartió en sus redes sociales, la Fundación Cayos Cochinos, que ha compartido información educativa al público.
En ese sentido, Antal Börcsök, director del Centro de Investigaciones Marinas de Tela (Tela Marine Research Center), señaló que Tela, que también tiene arrecifes y depende del turismo, está creando un fondo para retirar de manera inmediata el sargazo en caso de que invadiera su franja costera.
En el Caribe mexicano, donde se ubica la Riviera Maya, el impacto económico del sargazo sigue siendo millonario. Estudios citados por organismos oficiales y reportes académicos señalan que el costo de limpieza y afectaciones económicas supera los 120 millones de dólares anuales en la región, especialmente en destinos turísticos como Cancún, Playa del Carmen y Tulum, donde el turismo, la pesca y las actividades recreativas son los sectores más golpeados.
A escala del Caribe, informes vinculados al Banco Mundial y estudios científicos indican que la gestión del sargazo cuesta más de 120 millones de dólares al año solo en operaciones de limpieza, sin contar las pérdidas indirectas en turismo, pesca y empleo, lo que convierte a esta macroalga en uno de los impactos económicos costeros más costosos asociados al cambio climático en la región tropical del Atlántico.
Si los arrecifes mueren, no solo desaparece la biodiversidad: también se pierde la barrera natural que protege las costas de la erosión y de las olas durante tormentas y huracanes.
Sobre las causas, expertos hablan sin tapujos de un cóctel climático y humano, es decir, no hay una sola causa.
El crecimiento explosivo del sargazo es el resultado de varios factores que se han combinado en los últimos años, por ejemplo, cambios en las corrientes oceánicas por el calentamiento global así como aumento de la temperatura del agua, que acelera su reproducción.Descargas de fertilizantes desde grandes ríos como el Amazonas y el Mississippi, incluso el polvo del Sahara cargado de nutrientes que fertiliza el océano son teorías analizadas, que ya pocos consideran descabelladas.
Hoy, el sargazo puede duplicar su biomasa en apenas 11 días, cuando antes tardaba hasta 50. Es una explosión biológica alimentada por el cambio climático y la actividad humana.
EL HERALDO Ambiente te muestra las cifras del impacto del sargazo en el Caribe, incluyendo a Honduras.