Su pequeña y pobre casita, en la que también funcionaba su microempresa, no daba para más.
Janeth García, una madre de cuatro niños residente de Altos de la Laguna, dividía su reducido espacio de ocho por diez metros entre una tortillería y en su hogar.
Dentro de la improvisado cajón construido de láminas de zinc y madera vieja había tres camas, unos artículos de cocina y, en el centro de la sala, un fogón donde fabrica a diario 2,000 tortillas para venderlas en un restaurante.
El fin de semana, esta humilde capitalina pudo mudarse a una hogar más acogedor gracias al programa de vivienda Un Techo para mi país.
“Por fin podremos tener los dormitorios aparte de la tortillería”, manifestó agradecida la mujer.
Con la construcción masiva de 70 viviendas de emergencia en los barrios Santa Clara, Altos de la Laguna y Guzmán, la organización cumplió su meta de edificar 201 hogares para igual número de familias.
Unos 200 jóvenes universitarios, motivados con el lema “Porque de valores se trata”, son los artífices de este cambio de vida para los capitalinos más desposeídos.
Los muchachos se han mudado a la escuela Santa Teresa de la colonia Nueva Capital y desde ese centro de operaciones levantan un mejor futuro para sus beneficiarios.
Soportando las inclemencias del tiempo, como la llovizna y el frío que calaba hasta los huesos, los voluntarios lograron ayer concluir la mitad de la jornada con 35 hogares de emergencia.
El nuevo desafío es, entre lunes y martes, terminar el resto de las casas a fin de concluir el 2011 con 218 familias viviendo en condiciones dignas.