Tegucigalpa, Honduras.- Noé López ha aprendido que el fútbol también se juega lejos de la cancha. A veces, el rival no viste uniforme: aparece en las cuentas de la casa, en los domingos ausentes o en las conversaciones pendientes con su esposa. Al frente del club capitalino, lleva la camiseta incluso cuando termina el partido. Para él, el ascenso no es solamente una categoría deportiva, sino una responsabilidad que se lleva a casa.
Para sostener al Gimnástico, López ha pospuesto compras domésticas, viajes familiares y descansos. Si debe elegir entre un refrigerador nuevo y cumplirles a los futbolistas, cuenta que puede quedarse con el viejo. No lo presenta como una fórmula perfecta: admite que a veces se pregunta si hace bien o mal. Sin embargo, vuelve a apostar por los muchachos que defienden al equipo. Cada jornada exige una negociación con la realidad. Lo cuenta sin dramatismo, como quien sabe que cada decisión puede repercutir tanto en el vestuario como en casa.
Nació en Ocotepeque un 27 de diciembre de 1970, creció durante varios años en el barrio Medina de San Pedro Sula y terminó echando raíces en Tegucigalpa. Es uno de siete hermanos criados por una madre soltera, trabajadora y exigente con la honradez. De niño jugaba descalzo en la calle y se hizo aficionado del Platense después de verlo enfrentar al Olimpia en el estadio Francisco Morazán. Nunca llegó a ser el futbolista que imaginó: las necesidades de la casa lo empujaron hacia el trabajo y los negocios. La pelota, sin embargo, encontró la forma de regresar.
Llegó al Gimnástico siguiendo a su hijo, no buscando la presidencia. Primero inscribió a Novillos en la Liga Kennedy; después ocupó distintos cargos directivos hasta asumir la conducción de una institución fundada en 1949. Hoy divide su vida entre negocios, familia y fútbol, intenta mantener al club en la Liga de Ascenso. Ha pensado en entregar la institución, pero su identificación con la colonia Kennedy ha pesado más. Por ahora, su mayor victoria, por ahora, es que el equipo continúe de pie.
¿Quién es Noé López cuando se apagan las luces del estadio?
Soy una persona muy trabajadora, dedicada a mi familia y a los negocios. Ahora le doy al fútbol un tiempo que quizá debería dedicarle a la familia. Estoy enfocado en Gimnástico, pero siempre trato de recordar que mi hogar es primero.
¿Qué le dejó aquella infancia entre Ocotepeque y San Pedro Sula?
Somos siete hermanos y nos crió una madre soltera. Ella nos enseñó a enfrentar las adversidades y a buscar soluciones. Era una mujer muy trabajadora. De ella me quedaron los principios, los valores, la superación y, sobre todo, la honradez. Después mi hermano mayor nos trajo a Tegucigalpa.
¿Dónde comenzó ese romance con la pelota?
En el barrio Medina jugábamos en las calles con mis hermanos, vecinos y amigos, hasta descalzos. A los siete años mis hermanos mayores me llevaron al estadio Francisco Morazán. Jugaban Olimpia y Platense. Desde entonces quedé marcado por los tiburones de Puerto Cortés. Soy Platense.
¿Soñó alguna vez con ser futbolista?
Quisimos, pero había prioridades y necesidades. Mi madre nos enseñó que debíamos trabajar y salir adelante. Por eso me enfoqué en la vida laboral y en emprender. El fútbol empezó como un juego entre amigos y terminó convirtiéndose en una pasión.
¿Cómo entró Gimnástico en su vida?
Por mi hijo. Me encontré con un entrenador que había trabajado en la academia de Carlos Prono. Me invitó a llevar al muchacho a Gimnástico. Después inscribí a Novillos en la Liga Kennedy, porque los jugadores debían pertenecer a esa liga. Así comenzó todo.
¿Y cómo pasó de padre de familia a presidente?
Me fui involucrando. Me invitaron a formar parte de la directiva de la Liga Kennedy. Empecé como vocal, después fui secretario de actas y tesorero. Conocí a mucha gente, le tomé cariño al equipo y terminé al frente de la institución. Gimnástico me ha abierto muchas puertas. Me ha permitido conocer personas importantes en el fútbol y construir amistades que antes no tenía. Eso también se lo agradezco.
¿Qué representa para usted la historia de este club?
Es una historia que hay que cuidar. Gimnástico es emblemático para la colonia Kennedy. Se nos ha metido en el corazón. Somos siete u ocho directivos que sufrimos cuando el equipo anda mal y nos alegramos cuando levanta. Ya tenemos horarios destinados al club, como los tenemos para la familia.
¿Cuánto cuesta mantener vivo ese sentimiento?
No ha sido fácil. Los alquileres de las canchas aportan algo, pero no es mucho. Hay personas y negocios que nos ayudan cuando pueden. Agradezco especialmente a Pupusas Miraflores, que ha estado firme. Uno tampoco quiere estar molestando siempre a quienes apoyan, porque sabe que también hacen sacrificios.
¿Ha tenido que sacar dinero destinado a su casa?
Sí. A veces uno deja de llevar algo al hogar para cumplirles a los muchachos. Por ejemplo, piensa en comprar un refrigerador y dice: aguantemos con el que tenemos, mejor paguémosles a los jugadores. También se sacrifican viajes en Semana Santa o en la Semana Morazánica. Uno se pregunta si hace bien o mal.
¿Su esposa le ha reclamado tantas ausencias?
Sí, en ciertos momentos la pareja se siente aislada. Uno anda con el fútbol de arriba para abajo y descuida aspectos de la familia. Lo reconozco. Trato de remediarlo y mantener un equilibrio, porque la familia es lo primero, aunque a veces no sea fácil lograrlo.
¿Qué es lo más pesado de presidir un equipo de ascenso?
Las preocupaciones. Son tres o cuatro meses de estar pendiente de cumplirles a los jugadores, al cuerpo técnico, pagar viajes, agua, bebidas y medicinas. Si alguien se lesiona, también hay que responder. El fútbol regala alegrías, pero detrás de los noventa minutos hay mucho trabajo.
¿Cuándo sintió que el Gimnástico podía perder la categoría?
En los últimos torneos hemos sufrido bastante. En tres ocasiones recientes nos hemos salvado con jugadores jóvenes y con el trabajo del cuerpo técnico. Nos preguntamos qué nos pasa, por qué no logramos levantar. Ahora tenemos una buena cantera y seguimos luchando. Confiamos en mejorar en el próximo torneo de clausura.
¿Ha pensado en entregar el equipo y marcharse?
Hemos tenido la posibilidad de prestarlo, alquilarlo, venderlo o regalarlo. A veces la carga es tan grande que uno se pregunta qué hacer. Pero seguimos firmes. Esta colonia es futbolera y Gimnástico tiene que permanecer aquí. Mientras estemos al frente, haremos lo posible por conservar la categoría.
¿Qué disfruta cuando por fin rueda la pelota?
Los noventa minutos, los viajes, el ambiente que rodea al equipo. Disfruto estar al frente de esta institución, aunque después venga el estrés. Lo bonito del fútbol termina pesando más que las preocupaciones. Por eso seguimos aquí, trabajando y acompañando a los muchachos.
¿Y qué quisiera dejar cuando llegue el último silbatazo?
Si aparece alguien responsable que pueda darle un cambio positivo al equipo, estaría dispuesto a hacerme a un lado. Quisiera que recordaran que, mientras estuvimos al frente, Gimnástico siguió vivo y en segunda división. No se trata solo de hablar: hay que hacer. Yo seguiría ayudando a quien tome las riendas.