Son miles de hondureños y hondureñas que todavía hoy no han podido entrar a sus hogares porque estos siguen bajo el agua. Son muchos los que -como lo escribía un usuario de la red social Twitter-, “no tenían nada y lo perdieron todo”. Reconstruir lo destruido sin duda tardará años y requerirá del esfuerzo de las y los hondureños que no desconocen que la unidad de todo un pueblo es la que llevará a superar la tragedia que hoy vive el país y a reconstruir su patrimonio.
El reto es acompañar con el trabajo arduo a esos compatriotas a quienes Eta les arrebató lo que con esfuerzo adquirieron a lo largo de sus vidas, y para ello se requerirá de planes y programas de reconstrucción, los que deben estar orientados a la reactivación económica, la recuperación y desarrollo de los sectores productivos e infraestructura vial y servicios básicos como el agua potable, alcantarillados y energía, el combate a la pobreza y la pobreza extrema.
Los pilares de la reconstrucción nacional deben ser la unidad de la sociedad, el trabajo de todos los hondureños y la transparencia en el manejo de los presupuestos.
Prioritarias deben ser las políticas de manejo sostenible de los recursos naturales y el medio ambiente y un apropiado sistema de prevención y mitigación de desastres; planes que deben ser concertados y construidos con la participación de todos los sectores económicos, sociales, productivos y políticos, así como las políticas de trasparencia en el manejo de los fondos que sean destinados a las obras y programas de apoyo, dejando de lado el aprovechamiento político que pueda suceder en este año de campañas proselitistas, y aunque no será fácil quitar del imaginario nacional el aprovechamiento que se ha hecho en el pasado reciente de los presupuestos destinados a la atención de estas emergencias, es su obligación parar con estas prácticas dañinas. Pero sobre todo, debe prevalecer el trabajo de cada uno de nosotros, del sector público y del sector privado, los 365 días del año.