Editorial

Lavándose las manos

Este encabezamiento lo traemos a colación no con propósitos de higiene, medida que debe ser obligatoria para todas y todos a efecto de prevenir contagios por gérmenes patógenos. En esta ocasión hacemos referencia al acto de evasión de responsabilidades, sin asumir las consecuencias derivadas de la indiferencia, la apatía, el “no me importa”, sea a título individual o colectivo.

Tal actitud, por demás irresponsable, es la que permite a personas y/o grupos audaces, inescrupulosos, asumir competencias y funciones que corresponden a la totalidad de la sociedad, no a una élite, sea esta política o económica. Al no involucrarse la ciudadanía en temáticas que competen e inciden en el presente y futuro de su generación y las venideras, el rumbo y destino de una nación se delega en unos pocos, que se ven a sí mismos como la “vanguardia” de sus compatriotas, los privilegiados, facultados por omisión de la colectividad a legislar, gobernar, ordenar de acuerdo con su visión mesiánica, opuestos a cualquier tipo de alternativas y rumbos de acción que no sean los propios, aun si los mismos militan en contra del bien común.

Es así como se van formando dinastías de carácter hereditario que monopolizan el poder, transmitido de padres a hijos, de esposo a esposa, tal fue y continúa siendo el caso de la vecina Nicaragua, ayer regida por la familia Somoza, hoy por los Ortega. Implementaron distintas formas de silenciar a la disidencia política, desde la represión hasta la cooptación, y actualmente se emplean similares metodologías para excluir a voces contrarias a las propias, clausurando medios de comunicación, cerrando universidades privadas y organizaciones no gubernamentales, expulsando a políticos y religiosos que no comulgan con el totalitarismo estatal y sus fuerzas de choque policiales, militares y paramilitares.

No podemos lavarnos las manos. Honduras nos compete a la totalidad de las y los hondureños.