La visita que el senador estadounidense Durbin llevó a cabo en La Habana tiene el propósito declarado de “entablar discusiones sobre unas mejores relaciones entre Estados Unidos y la isla”, además de prevenir cualquier emergencia medio ambiental derivada de las exploraciones petrolíferas que el gobierno cubano –con asistencia de España y China–, realiza en su plataforma continental, así como obtener la excarcelación de un contratista del Departamento de Estado acusado de espionaje.
El Presidente Obama ha flexibilizado tanto la visita de cubano-americanos a su país así como el envío de remesas, al igual que los intercambios académicos y culturales, lo que adicionalmente al propósito humanitario aspira a una mejoría en las tensas relaciones bilaterales entre ambas naciones a partir del triunfo de la Revolución en 1959.
Si ambos países manifestaran suficiente dosis de voluntad política y el otorgamiento de recíprocas concesiones, se podría establecer el marco jurídico necesario para un gradual acercamiento en sus respectivas posiciones.
Si Estados Unidos levantara el embargo comercial implementado desde 1960 y que ha impactado negativamente en la economía insular y devolviera la base naval de Guantánamo, cedida a Washington por la Enmienda Platt incorporada a la Constitución cubana en 1902, sin duda La Habana se vería obligada a responder positivamente, para el caso liberando a presos políticos, permitiendo la apertura política e ideológica de un régimen hasta ahora caracterizado por la rigidez e intolerancia derivadas de un sistema de partido único.
El deterioro económico ha obligado a Raúl Castro a la implementación de medidas parciales y hasta ahora insuficientes pero que podrían profundizarse: reducción de la burocracia estatal, apoyo al trabajo por cuenta propia y al establecimiento de pequeños negocios privados, arrendamiento de tierras a efecto de incrementar la deficitaria producción alimentaria, la compraventa de bienes inmuebles, el acceso a créditos bancarios para crear microempresas, el pago de impuesto sobre ventas y por rentas percibidas.
El próximo viaje papal a Cuba, donde se reunirá en privado con los hermanos Castro, sin duda posibilitará una actitud estatal de mayor flexibilidad hacia adentro y hacia afuera, coyuntura que debe ser aprovechada por las partes para explorar por la vía diplomática una conveniente mejora en sus múltiples relaciones.
Al fin y al cabo se trata de dos vecinos geográficos que pueden y deber buscar acomodos y convivencias pacíficas.