Los partidos políticos hondureños necesitan una profunda reingeniería. Los ciudadanos debemos exigirla. Y es más allá de cambiar dirigentes, renovar discursos o modificar estructuras internas, hacerlas funcionales. Se trata de transformar la manera de conocer, entender y ejercer la política.
Un partido político no puede tener como única razón de su existencia el acceso al poder. Debe prepararse, ser responsable, saber y decir qué hará con el poder cuando lo obtenga y cómo construirá el bien común si está fuera de él.
Ganar una elección solo es un medio, no el final de la política. Es solo el comienzo. Gobernar con eficacia exige partidos organizados, disciplinados, preparados y con visión. No basta con tener candidatos; se necesitan equipos capaces de formular políticas públicas, administrar con transparencia, tomar decisiones oportunas y convertir principios y promesas en resultados.
Pero la responsabilidad partidaria no termina cuando se pierde una elección. La oposición también es una forma de servicio público. Un partido serio debe ser capaz de fiscalizar, proponer, denunciar abusos y defender las instituciones, sin caer en el obstruccionismo, la confrontación estéril o la defensa de intereses particulares. Velar por el ejercicio del poder, aun cuando no se tenga, es una obligación democrática.
La reingeniería debe alcanzar también la formación de cuadros, la disciplina interna, la democracia partidaria, la selección de liderazgos, la rendición de cuentas y la construcción de agendas nacionales que trasciendan los ciclos electorales.
Los partidos políticos deben ser entes de desarrollo comunitario, no solo máquinas electorales. Necesitamos partidos que piensen más allá de la próxima elección y que comprendan que la política no consiste simplemente en conquistar espacios de poder, sino en utilizarlos responsablemente para transformar la vida del pueblo.
Honduras necesita partidos capaces de competir, pero también de gobernar; capaces de gobernar, pero también de controlar al gobernante; capaces de ganar, pero también de ejercer una oposición constructiva.
La verdadera reingeniería política comienza cuando los partidos dejan de luchar solo para llegar al poder y empiezan a trabajar y a organizarse para servir mejor a Honduras. En el poder o fuera de él.