León XIV: una visita histórica a Francia

El viaje concluyó en Metz con un llamado a la paz, la reconciliación y la unidad europea frente al rearme, en una región marcada por la Segunda Guerra Mundial

  • Actualizado: 15 de octubre de 2026 a las 00:00

El Papa León XIV concluyó su quinto viaje apostólico internacional (25 al 28 de septiembre) con un itinerario que unió París, Lourdes y Metz bajo el lema “Para que el mundo tenga vida” (cf. Jn 6,51). Su visita, la primera a la capital francesa de un papa en 18 años, tras la última de Benedicto XVI en 2008, ha sacado a la calle a miles de personas, un hito reseñable en un país que ha hecho de su laicidad su carta de presentación.

Muchas instantáneas han dejado la histórica visita de León XIV a Francia, casi milagrosas. El Pontífice celebró una multitudinaria Eucaristía en la Plaza de la Concordia en París, congregando a una multitud récord estimada en 800,000 fieles según las cifras oficiales del Vaticano. Durante su homilía, León XIV presentó a Jesucristo como la “fuente de agua viva” e instó a la comunidad católica francesa a no esconder su fe en una sociedad fuertemente secularizada, alentándolos a dejar que su fervor “se desborde” para reconfortar a quienes experimentan desánimo o soledad.

Otro momento estelar fue la vigilia de oración en el Stade de France congregando a cerca de 80,000 jóvenes, a quienes el Papa animó a ser “los santos de Francia”, señalando un repunte en el fervor y en las peticiones de bautismo de adultos como un signo de renacimiento eclesial. La Iglesia francesa vive un fenómeno que despierta particular interés: el aumento de jóvenes y adultos que solicitan recibir el Bautismo. En 2026, más de 13,000 adultos y más de 8,000 adolescentes se prepararon para recibir este sacramento, mostrando una nueva búsqueda espiritual en medio de una sociedad ampliamente secularizada.

Su paso por el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes estuvo marcado por un fuerte componente mariano, la cercanía con enfermos y un sensible encuentro con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero, a quienes pidió perdón y reiteró el compromiso de la Iglesia con la escucha y la prevención.

Se estima que unas 150,000 personas asistieron a la misa celebrada por el pontífice con una presencia especialmente de jóvenes. El tono del Pontífice ante los jóvenes, fue especialmente directo. Los animó a elegir a Jesús en un contexto marcado por la ansiedad, la soledad y la incertidumbre. La concentración de una multitud de jóvenes evidencia que continúa existiendo un espacio para un mensaje cristiano capaz de presentarse de manera directa y comprensible.

El papa ha prestado particular atención a algunos temas “clásicos” en el país, como la laicidad y el papel de la escuela católica. Frente a los debates en Francia sobre la ayuda a morir y la eutanasia, León XIV cuestionó la “falsa compasión” que busca solucionar el sufrimiento eliminando a la persona, reiterando que la vida humana posee un valor sagrado e inviolable. También, trató cuestiones universales -la paz, las migraciones- y otras propias de la Iglesia -las numerosas conversiones, la liturgia.

El viaje concluyó en Metz con un llamado a la paz, la reconciliación y la unidad de Europa frente a las lógicas del rearme, en una región marcada por la memoria de la Segunda Guerra Mundial (1942-1945).

Pero el viaje dejó bastante más que multitudes. Sirvió para confirmar la línea que León XIV ha trazado desde el comienzo de su pontificado y que empieza a darle una voz reconocible en el escenario mundial.

En París, en la Unesco, en Lourdes y finalmente en Metz, volvió sobre una idea que atraviesa buena parte de sus intervenciones: la necesidad de regresar a lo humano en un mundo que, a su juicio, parece perderlo de vista.

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