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El mito de Prometeo hoy

Entre los mitos que propone Platón está el de Prometeo y Epimeteo, en el que, por un descuido del segundo, se había dotado a todas las criaturas de habilidades para sobrevivir: velocidad, alas, tamaño, garras, fuerza, entre otras, menos al ser humano, quien estaba desnudo, descalzo y desprotegido. Prometeo ve el error y lo intenta remediar; roba el fuego (el conocimiento tecnológico) a los dioses para entregárselo a los humanos, porque cree que al menos con el conocimiento puede ser capaz de sobrevivir, luego él es castigado a que un águila se coma todos los días su hígado, que crece solo para volver a ser devorado.

Hasta aquí es lo que normalmente se tiene presente y se cuenta; pero quisiera hacer énfasis en lo que sucede después, el mito dice textualmente así: “Al construir ciudades buscaban agruparse y ponerse a salvo, aunque cuando estaban reunidos se agraviaban los unos a los otros, dado que no poseían el arte político, de modo que se volvían a dispersar y perecían”.

Lo que quiere decir Platón es que una sociedad que no logra ponerse de acuerdo no tiene arte político, una sociedad en la que se agravian los unos con los otros no tiene arte político, una sociedad que se dispersa no tiene arte político y si se dispersa, perece. Recientemente releí este mito y no pude evitar pensar en Honduras y, por supuesto, América Latina y el mundo, pero sobre todo en Honduras. ¿Vivimos como privados del conocimiento?

El mito prosigue con el temor de Zeus de que la especie humana desaparezca debido a la necedad con la que actúan, así que “mandó a Hermes que llevara hasta los hombres la honestidad y la justicia para que sirviera de ordenadoras de las ciudades y también de vínculos agrupadores de amistad”. Es que lo que se pide para esta sociedad contemporánea es justamente esto, o bueno, se lucha contra la antítesis de estas ideas: corrupción e injusticia. No es casual que esa sea la bandera de lucha de tantos y tantas ciudadanas. Así era en la polis griega y así es ahora.

Ya en el epílogo del mito, se desprende una idea que fue posiblemente la que más me dejó reflexionando. Hermes, el mensajero que había enviado Zeus a dotarnos de justicia y honestidad, se pregunta y habrá que dotarnos a todos o algunos, como sucede con las artes (el conocimiento), ya que, por ejemplo, basta con un ser humano que tenga la cura para beneficiar a todos, y Zeus responde: “Que todos tengan parte, pues no habría ciudades si unos pocos participan de la honestidad y la justicia, como sucede con las otras artes”. Después el mito da a entender que quien no practique la justicia y la honestidad no está preparado para vivir en la ciudad.

No es asunto de unos pocos o exclusivamente de la clase política o de los que están en los puestos clave en determinadas instituciones, se trata de todos, sin excepción alguna, desde nuestra labor como miembros de una familia, de un trabajo, de una sociedad.

Tal parece que si en algo hemos sido estables los seres humanos es en nuestras conductas a través de los siglos. Corrupción había en Grecia, en Roma, en la Edad Media y la habrá ahora, sin embargo, no podemos, bajo ningún concepto simplemente aceptarla.

Por último, quisiera destacar la importancia de la lectura de los pensadores clásicos, creo que su lectura es imprescindible en las instituciones educativas, sobre todo como catalizadores del pensamiento y la actitud reflexiva y crítica.