Si el masivo paro laboral se inició en tres departamentos de la costa norte: Cortés, Yoro y Atlántida, a pocas semanas de iniciado, el ejemplo dado por los trabajadores de la Tela y la Standard, en donde 15 mil trabajadores se fueron a la huelga, la que concluyó el 20 de mayo, inspiró a los asalariados de otras ciudades, ubicadas en el centro, oriente y occidente, para igualmente cesar labores en reclamo de mejoras salariales y el derecho a organizarse en sindicatos. Esto último no había sido incorporado a la legislación hondureña; de hecho, tanto las huelgas como los sindicatos estaban prohibidos y reprimidos, lo que ofrece una idea de cuan atrasado socialmente se encontraba nuestro país, al punto que se le atribuye a Tiburcio Carías haber afirmado que en nuestro país no existía la problemática social, a pesar de que durante las dos primeras décadas del siglo XX el proletariado había realizado intentos organizacionales tanto en el enclave bananero y minero como en Tegucigalpa, todos los cuales habían recibido no solo la negativa patronal, también la represión por las fuerzas gubernamentales, la policía privada de las bananeras y la táctica con contratar rompehuelgas y esquiroles.
Así, en las fábricas de prendas de vestir en Tegucigalpa, las operarias decidieron no continuar en sus labores: “Más de 400 trabajadores de las camiserías citadinas están en huelga” (El Día, 15 de junio de 1954, p. 1). “La Fábrica de Hilados y Tejidos y 5 camiserías suspenden trabajo por huelga” (El Día, 18 de junio de 1954, p. 1); “trabajadoras fábricas camisas presentaron el 18 un nuevo pliego de peticiones” (El Día, 22 de junio de 1954, p. 3); “convenio celebrado entre obreras fábricas de camisas y patronos” (El Día, 25 de junio de 1954, p. 1). “Ayer se puso fin a la huelga de los trabajadores de la Fábrica Nacional de Hilados y Tejidos” (El Día, 3 de julio de 1954, p 1). “Solo las obreras de dos camiserías continúan en huelga en esta capital” (El Día, 16 de junio de 1954, p. 1). “Esperase que pasado mañana quede solucionada la huelga fábricas ropa” (El Día, 19 de junio de 1954, p. 1). También las operarias textileras, en número de mil, en San Pedro Sula cesaron de laborar para reclamar incrementos en sus modestos salarios, a partir del 18 de mayo, organizando su comité de huelga.
Los mineros de la Rosario Mining, empresa que había trasladado operaciones desde San Juancito, Francisco Morazán, habiendo llegado al país en 1880 a El Mochito, Santa Bárbara, decretaron paro de labores en solidaridad con los proletarios bananeros y en reclamo de sus propias reivindicaciones.
Si nuestros compatriotas migrantes son considerados, justificadamente, como héroes anónimos, ¿acaso los y las huelguistas del 54 no merecen igual calificativo? Su accionar y su ejemplo constituyen un hito en nuestra historia e identidad nacional, fortaleciendo nuestro endeble sentimiento de patria y nación. Así lo entendieron sus contemporáneos.