Sacar a Honduras de la pobreza y del caos actual, requiere un abordaje integral, inclusivo y visionario. La conducción de la nación es atribución del gobierno. Es de esperar que sea el más organizado, el mayor propiciador de la participación y la transparencia. El que convoque a la sociedad civil y a la empresa privada, como compañeros de lucha por una Honduras mejor, en vez de repelerlos. ¿Qué pasa? Tratar de remacharlos en contra de la pared en vez de sumarlos al esfuerzo, representa un desgaste que distrae al gobierno del alcance de sus metas básicas, como ser la realización de acciones indispensables para mejorar el empleo, salud, educación, seguridad, por lo menos. Ni grandes actos solo acciones indispensables. El gobierno tendría que estar viendo como 1. Consolidar un real Estado de derecho. Este ilusorio no responde. Ser el primero en rendir cuentas y en perseguir la corrupción, ser creíble. 2. Fomentar la inversión, la creación de empleo, en específico, apoyar el emprendedurismo y en general, el desarrollo empresarial. 3. Asegurar el acceso a la educación y a la salud. Es inconcebible la ausencia de un sentido de urgencia en la atención de estos sectores. Tan deficiente, solo arraiga el aro de la pobreza en que se debate la mayoría de la población. 4. Servicios públicos e infraestructura, agua, luz y carreteras. Sin ellas no hay desarrollo. 5. Seguridad individual y jurídica. No es posible que el crimen común y el organizado permeen las instituciones y en general la cotidianidad. Lo anterior es lo mínimo en lo que debiera enfocarse en resolver este gobierno. Es su deber. Pero lo hacen al revés. No pueden hacer ni el trabajo que les corresponde y distorsionan el de los otros poderes del Estado. La separación de poderes es fundamental para el buen funcionamiento del Estado, uno que propicia la superación de sus habitantes, no que la impide. Este gobierno lo está haciendo. Rectifiquen. Se han convertido en amenaza para el pueblo en vez de ser su protector.