Honduras

“La ATIC nunca dijo a quién pertenecían esas huellas”: crimen de agente sigue en impunidad

Los señalamientos del NYT sobre los vínculos familiares entre el jefe de Sherill Yubissa y la MS-13, la investigación que realizaba sobre narcotraficantes y El Porky, salen a relucir en el reciente informe
16.04.2023

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Las irregularidades en la investigación de la muerte de la agente de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC), Sherill Jubissa Hernández, en cuyo asesinato son señalados como autores intelectuales el exalcalde Alexander Ardón y Tony Hernández, inició en el mismo momento en que su cuerpo fue encontrado, revela un informe policial publicado este fin de semana por Infobae.

Sus compañeros de trabajo en Santa Rosa de Copán encontraron el cadáver de la agente fiscal en el departamento donde vivía y poco después agentes enviados desde San Pedro Sula, se hicieron de inmediato con el control de la escena del crimen, según un acta policial levantada en el lugar de la que Infobae tiene copia.

Cabe señalar que la ATIC no tiene, entre sus funciones, procesar escenas del crimen o realizar estudios forenses, pero eso no impidió que ellos realizaran el levantamiento y no permitieran que otras agencias investigativas procesaran la escena.

El levantamiento del cadáver, de hecho, duró solo una hora (muy raro en Honduras donde por lo general se toman varias horas para llegar a realizar el proceso) y además no estuvo presente ningún perito forense. Días después, la ATIC citó a una doctora llamada Delia Serrano para pedirle que firmara, a posteriori, un acta en la que se establece que ella estuvo presente durante la inspección ocular inicial de la escena del crimen. Serrano se rehusó firmar pues ella nunca estuvo en el departamento donde encontraron el cadáver de Sherill Hernández y así lo hizo saber a sus superiores.

De acuerdo al informe policial en poder del medio argentino, la ATIC retuvo todas las evidencias recogidas en la escena durante una semana antes de enviarlas a la Dirección General de Medicina Forense, que entonces presidía la doctora Villanueva. Entre lo remitido había un álbum de fotos que llamó la atención de los forenses desde que lo vieron.

Contradicciones sobre la escena del crimen

Los colegas de Hernández Mancía afirmaron que habían hallado su cadáver en el piso, en medio de un charco de sangre, según los informes iniciales. Pero en las fotografías, la agente yace en la cama boca arriba, con una pistola de 9 milímetros contra la sien.

Adicionalmente, no hay sangre en la almohada ni residuos en las paredes, que serían consistentes con un tiro autoinfligido en ese lado de la cabeza, señala Julissa Villanueva. Es decir, si Sherill Yubissa se pegó un tiro sobre esa cama, la sangre y el material óseo y cerebral desprendido por el disparo desaparecieron; o al menos no están en esa foto.

“No hay manchas de sangre ni residuos de hueso o vísceras en la pared ni ‘charco hemático’ en la almohada, que serían consistentes con la teoría de un balazo en la sien en la posición del cadáver mostrada en las fotografías de la escena”, dice Villanueva sobre ese álbum. En lugar de eso, la trayectoria de la sangre es hacia abajo de su cara y cuello.

La disposición de la sangre también parece impostada. Las fotografías del cadáver solo muestran pequeñas manchas de sangre cerca de una almohada, unos centímetros arriba de la pistola. La ATIC nunca dijo a quién pertenecían esas huellas. Según la doctora Villanueva, sin embargo, debería de haber sangre por todos lados. “Se ve claramente que ese cadáver fue modificado”.

En otro detalle a resaltar es que la mano derecha de Hernández Mancía sostiene el arma, con su brazo en ángulo, pero las pruebas no hallaron residuos de pólvora ni en la mano ni en el brazo.

Las fotografías, además, muestran la lengua de la agente inflamada y fuera de la boca y contusiones en la parte baja del cuello, lo que para Julissa Villanueva indica asfixia. Es evidente, para el equipo forense, que sus asesinos primero intentaron estrangular a la agente y luego le dispararon.

Y está el asunto del celular. El teléfono de la agente fue movido al menos tres veces en la escena del crimen: aparece en el suelo, en un depósito plástico y en una jarra con agua.

“La ATIC nunca dijo a quién pertenecían esas huellas”: crimen de agente sigue en impunidad

Las sospechas sobre su jefe

El nombre Wilfredo García es importante en la investigación del asesinato de la agente fiscal Sherill Hernández. Él era jefe de la ATIC en San Pedro Sula, y fue jefe directo de Hernández mientras ella estuvo ahí. Ambos fueron parte del equipo que participó en el llamado Caso Avalancha, la investigación más grande que las autoridades hondureñas han hecho a las finanzas de la pandilla MS-13 en el país.

García supervisó a Hernández Mancía durante la investigación Avalancha, y fue él quien recomendó trasladar a la agente a Copán para que se hiciera cargo de la ATIC allá. También fue García, según el informe de inteligencia policial que apunta al exalcalde Alexander Ardón y a Tony Hernández como autores intelectuales del asesinato de la agente, quien esparció la narrativa de que Hernández Mancía se suicidó por problemas económicos.

Muy pronto tras el asesinato, la prensa hondureña empezó a reproducir la versión del suicidio citando fuentes cercanas a la investigación. De acuerdo con el informe de inteligencia policial, la información era filtrada desde la misma ATIC.

En un artículo que el periódico estadounidense The New York Times publicó en 2019 sobre feminicidios en Honduras, en el que se aborda el caso de la agente, se afirma que Wilfredo García estaba casado con la hermana de un pandillero de la MS-13 de San Pedro Sula al que la ATIC investiga. Según esta versión Sherill Hernández había empezado a sospechar de su jefe, y esa es la razón por la que fue trasladada a Copán.

Infobae intentó obtener las versiones del fiscal general Chinchilla, del jefe de la ATIC y del agente García, a través de comunicaciones con las oficinas del Ministerio Público, pero no hubo respuestas.

El trabajo de la agente Sherill Hernández en San Pedro Sula fue, de acuerdo con un alto oficial que conoció el Caso Avalancha contra la MS-13, importante para desarticular varias redes de lavado de dinero que ocupaba la pandilla, y para incautar cerca de 2.000 de bienes valorados en unos USD 20.3 millones.

Las investigaciones de Avalancha también contribuyeron en el caso judicial contra Alexander Mendoza, alias Porky, un jefe de la MS-13 vinculado al asesinato de Magdaleno Meza, un narcotraficante que también había sido socio de Tony y Juan Orlando Hernández, el ex presidente. A Porky un comando paramilitar lo ayudó a escaparse cuando visitaba un tribunal en un operativo en el que cuatro policías fueron asesinados.

Cuando se instaló en Santa Rosa de Copán, la agente Sherill Hernández también empezó a remover aguas turbias y a buscar en huecos que -ella no lo sabía del todo al principio- terminaban conectando con el inmenso laberinto de poder y narcotráfico que, según investigaciones y testimonios recogidos en los procesos judiciales contra Tony y Juan Orlando Hernández, los hermanos construyeron en Honduras entre 2006 y 2019.

Y cuando la agente Hernández Mancía decomisó documentos del exalcalde Alexander “Chande” Ardón en El Paraíso, Copán, estaba tocando a las puertas de la muerte, según el informe de inteligencia policial hondureño. La mujer había importunado al poder que convirtió a Honduras en un narcoestado. Le costó la vida.