Del farol de gas al bombillo: así llegó la luz eléctrica a Tegucigalpa
Del uso de faroles de gas y oficios como los faroleros, la capital pasó a la energía eléctrica impulsada por la Empresa Agua y Luz, transformando costumbres, espacios públicos, barrios y la vida nocturna.
- Actualizado: 17 de enero de 2026 a las 10:02
Los faroles de gas fueron el primer sistema de alumbrado público que iluminó calles y plazas de Tegucigalpa al final del siglo XIX, y fue en esta vetusta edificación donde inició la historia eléctrica de Honduras.
Antes de la electricidad, la vida capitalina se regía por la luz del sol y el resplandor de candiles, quinqués y velas. El oficio del farolero marcó una época en Tegucigalpa, encendiendo manualmente las lámparas cada tarde.
La Empresa de Agua y Luz, establecida en 1907, fue clave en la electrificación de la capital hondureña.
La planta eléctrica del barrio La Leona es considerada la más antigua de Tegucigalpa.
Con la llegada de la electricidad, parques y edificios públicos comenzaron a iluminarse por primera vez.
El cine Variedades, inaugurado en 1914, simbolizó el cambio de hábitos nocturnos en la capital. El Teatro Manuel Bonilla, abierto en 1915, consolidó la vida cultural bajo alumbrado eléctrico. La llegada de la electridad cambió la forma de ver la vida entonces.
Barrios como La Leona, La Ronda y El Bosque fueron de los primeros en contar con energía eléctrica.
La electrificación impulsó el crecimiento urbano hacia zonas como Palmira y Buenos Aires.
Los parques se convirtieron en puntos de reunión donde la población disfrutaba de actividades nocturnas iluminadas.
La llegada de la luz eléctrica transformó a Tegucigalpa y Comayagüela, abriendo paso a una ciudad moderna y activa después del atardecer.
La planta eléctrica del barrio La Leona es considerada la más antigua de Tegucigalpa, aunque en la actualidad se encuentra en total abandono.
La Empresa de Agua y Luz, establecida en 1907, fue clave en la electrificación de la capital hondureña.