Papa León XIV ya tiene su mosaico: así es el retrato eterno en el Vaticano
Una obra de esmaltes y oro inmortaliza a León XIV. El mosaico ocupará el último espacio iluminado en la basílica, alimentando antiguas profecías
- Actualizado: 14 de enero de 2026 a las 12:28
El Taller de Mosaicos del Vaticano mostró este miércoles al papa León XIV el mosaico con su rostro que será colocado en la basílica de San Pablo Extramuros, según la tradición que acompaña la elección de cada pontífice. A continuación las imágenes y los detalles.
Poco más de ocho meses después de la elección, el 8 de mayo, el Estudio de Mosaicos del Vaticano ha completado el mosaico de 137 centímetros de diámetro, elaborado con esmaltes vítreos y oro.
Los azulejos se crearon mediante la antigua técnica del mosaico cortado y se fijaron con el tradicional estuco al óleo del Vaticano, informó la Fabrica de San Pedro, el organismo que se encarga de la supervisión de las obras del patrimonio de la Santa Sede.
La ejecución de la obra se inició con un boceto pictórico del artista Rodolfo Papa, un óleo sobre lienzo de las mismas dimensiones que el tondo del mosaico, explicaron.
La obra se colocará luego en el espacio junto al retrato del papa Francisco, en la nave derecha de la basílica, a una altura aproximada de 13 metros. El boceto pictórico se conservará, junto con toda la serie de retratos de los pontífices.
En la basílica de San Pablo de Extramuros se conservan los retratos de los papas en su interior, desde el primero, San Pedro, colocados sobre la cornisa de la nave y las naves laterales del crucero.
El primero de los tondos -obras artísticas en forma circular- que representa al apóstol Pedro, se encuentra en lo alto del crucero, a la derecha del ábside. El último, siempre iluminado, es el del papa actual donde se coloca también el nombre en latín con la fecha de inicio de pontificado y se deja libre debajo espacio para la de la muerte.
La mayor parte de estos retratos fueron realizados por decoradores y verdaderos artistas especializados, que prestaron su trabajo y habilidad a la Fábrica de Mosaicos del Vaticano, con excepción de algunos que fueron trabajados en Venecia.
Para crear los retratos de los pontífices del pasado lejano, en algunos casos se dio rienda suelta a la imaginación ya que no existen documentos sobre cuál era su imagen.
Esta extensa serie de mosaicos se inició durante el pontificado de León Magno (440-461) en el siglo V y continuó en 1847 durante el papado de Pío IX (1846-1878).
De este modo, es posible para quienes frecuentan esta basílica admirar los rostros de los 267 papas, de los cuales más de ochenta se convirtieron en santos.
Se dice que el espacio para los mosaicos de futuros pontífices en la basílica es limitado: cuentan antiguas profecías que, cuando no se puedan colocar más, será el final de la Iglesia católica o incluso del mundo.