Kevin González murió cumpliendo su último deseo: abrazar a sus padres deportados
Kevin González, de 18 años, falleció en Durango tras lograr su último deseo: abrazar a sus padres deportados tras una odisea migratoria y médica
- Actualizado: 11 de mayo de 2026 a las 07:01
Kevin González, de 18 años de edad, perdió la batalla contra un cáncer terminal de colon en etapa cuatro. Su único deseo antes de morir era volver a ver a sus padres. Lo consiguió, pero el tiempo no le alcanzó para nada más. La tarde del sábado 9 de mayo se abrazó con ellos por primera vez en nueve años, y al día siguiente -en pleno Día de la Madre- dejó de respirar. Sus últimas palabras fueron "mamá".
El joven, nacido en Chicago, había recibido el diagnóstico en enero de 2026, cuando los constantes dolores de estómago que lo aquejaban resultaron ser un cáncer agresivo en su etapa más avanzada.
Mientras él enfrentaba la enfermedad en Estados Unidos, sus padres, Isidoro González y Norma Anabel Ramírez, permanecían en México tras haber sido deportados años atrás, prácticamente impotentes ante lo que vivía su hijo.
La familia intentó reunirse por la vía legal. Solicitaron visas humanitarias para que los padres pudieran cruzar a Estados Unidos y acompañar a Kevin durante su tratamiento, pero las solicitudes fueron rechazadas. Ante la negativa y la urgencia de la situación, Norma e Isidoro tomaron una decisión que ningún padre dudaría en tomar: cruzaron la frontera sin documentos.
El 14 de abril fueron detenidos por agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en Arizona y trasladados al centro de detención de Florence, donde permanecieron casi tres semanas. El reloj corría en su contra.
Mientras sus padres estaban bajo custodia migratoria, la historia de Kevin se hizo pública. El joven había expresado abiertamente que uno de sus últimos deseos era volver a ver a quienes le dieron la vida.
Fue el 7 de mayo cuando un juez de inmigración en Arizona, conmovido por el caso, ordenó la deportación inmediata de los padres para hacer posible el reencuentro.
Norma e Isidoro salieron del centro de detención con el tiempo encima. El 8 de mayo cruzaron a México por Nogales, Sonora, y emprendieron el largo camino hacia Durango, donde Kevin esperaba junto a su abuela materna y otros familiares.
La tarde del sábado 9 de mayo, la puerta de aquella casa en Durango se abrió. Padre, madre e hijo volvieron a estar en el mismo cuarto. El silencio se rompió con llanto, abrazos y palabras que apenas podían pronunciarse enteras.
Isidoro González, con el rostro agotado y la voz quebrada, describió el estado en que llegaron. "Estamos sin dormir desde las 8 de la noche del miércoles.
"No hemos dormido por ir a la corte", dijo apenas minutos después de estrechar a Kevin entre los brazos. También recordó el momento que más lo marcó durante los días de detención, cuando vio a su hijo en televisión pidiendo verlos. "Me quebró", confesó. "Me caí de rodillas llorando en el piso y pidiéndole a Dios que tocara el corazón de la fiscal".
Nadie sabía que esas serían las últimas horas de Kevin. El domingo 10 de mayo, Día de las Madres, sobrevino una crisis de la que el joven ya no pudo recuperarse. Murió a los 18 años, a punto de cumplir los 19, rodeado de su familia.