Apodado el "robot" y abiertamente homosexual: así es Rob Jetten, el primer ministro más joven de Países Bajos
Jetten contó que uno de los momentos que marcó su conciencia política fue el incendio de una escuela islámica en su pueblo en 2004
- Actualizado: 23 de febrero de 2026 a las 15:39
Rob Jetten, liberal progresista de 38 años, se convirtió en el primer ministro más joven de Países Bajos: un político apodado “Robot Jetten” por su estilo rígido en los debates, que calificó a Donald Trump de “criminal condenado” y “misógino”, y que, abiertamente homosexual, llega al poder como símbolo de una Europa liberal e inclusiva.
Jetten (1987) creció en Uden, una localidad en el sur católico de Países Bajos, en una familia de clase media, y desde joven destacó por su disciplina: jugó al fútbol e hizo atletismo, llegó a competir a nivel nacional en 400 metros y aún hoy mantiene el hábito de correr y entrenar con regularidad.
Jetten estudió Administración Pública en Nimega y pronto se metió en política. A los 22 años ya era jefe del grupo municipal del progresista D66 en esa ciudad; en 2017 dio el salto al Parlamento nacional y, apenas año y medio después, asumió el liderazgo del grupo parlamentario en La Haya.
Ese ascenso meteórico tuvo un precio, puesto que en sus primeras intervenciones nacionales fue criticado por repetir frases casi idénticas ante las cámaras y fue apodado “Robot Jetten”.
Los aliados de Jetten lo ven como un negociador fiable, capaz de sentarse con partidos muy distintos, aunque sus críticos dicen que a veces resulta difícil saber qué le molesta o qué le emociona.
Como líder opositor, Jetten llamó a Donald Trump “criminal condenado”, “misógino” y peligro para la seguridad internacional, y, una vez a las puertas del poder, no quiso retirar esas palabras.
También fue crítico con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, al que llegó a calificar de “criminal de guerra” por la ofensiva en Gaza y el uso del hambre como arma de guerra.
Jetten ha hablado abiertamente de su proceso personal como joven gay en un entorno conservador del sur del país, pero su orientación nunca fue un secreto en su carrera política, y en campaña apareció con naturalidad junto a su prometido, el jugador argentino de hockey Nicolás Keenan.
En un país pionero en derechos LGTBI, su llegada al poder no rompe moldes, pero sí adquiere valor simbólico en un contexto internacional donde los derechos de las minorías y la diversidad vuelven a estar en debate, incluido en los Estados Unidos de Trump.
Quienes han trabajado con él lo describen como atento al detalle, disciplinado y correcto, un político que no es dado a los gestos teatrales, que prefiere el trabajo técnico y las conversaciones discretas, aunque los medios locales creen que será la versión liberal de izquierdas de Rutte.
Jetten deberá gobernar un país fragmentado, con una derecha fuerte y una sociedad exigente y cansada de la inestabilidad política.
En la campaña que lo llevó al poder habló menos de clima y más de economía, vivienda y seguridad, endureció el discurso sobre migración y defendió mayor inversión en defensa, en línea con la OTAN.