No se salvó ni un cultivo, ahora peligra el agua para consumo: el rastro de la sequía en el Corredor Seco
La sequía golpea al Corredor Seco de Honduras, donde la falta de agua ha provocado pérdidas de cultivos, disminución del caudal de los ríos y ganado en condiciones críticas, afectando la producción y el sustento de las familias de la zona.
- Actualizado: 19 de agosto de 2026 a las 16:47
La sequía llegó como un tornado que todo destruyó a su paso, no perdonó a nadie: pudientes, pobres, autoridades y expertos; todos se quedaron sin cultivos. No hay maíz ni para elotes y los frijoles tampoco lograron resistir al cruel calor. El crudo rastro de la sequía en el Corredor Seco revela la crisis hidríca y alimentaria que enfrentan varios municipios de Honduras.
El equipo de EL HERALDO Plus comprobó in situ el terrible impacto que ha causado la falta de lluvia, los 75 municipios declarados en alerta amarilla por la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco) están devastados.
La escasez de agua no sólo acabó con la comida de miles de familias, también está matando al ganado, secando las fuentes de agua y generando una serie de enfermedades estomacales porque las personas calman su sed con estanques moribundos y ríos que apenas sobreviven.
Cuatro meses sin lluvia (desde abril a la fecha) llevan los agricultores del Corredor Seco de Honduras, debido al impacto del fénomeno de El Niño que ha dejado una fuerte sequía.
Todo es calamidad. Las plantas crecieron, sí, pero no dieron cosecha. Lo que debió convertirse en un elote no era más que una tusa seca que escondía un jilote sin granos, desnudo, como una mazorca sin dientes.
La mayor parte de la población de estas zonas comen todos los años gracias al maíz y los frijoles de cosechas familiares, tanto en la siembra de primera como de postrera, pero a inicios de este agosto la comida se agota.
La crisis se extiende por varias zonas de Honduras, incluso a pocos kilómetros de la capital. En la comunidad de Los Magos, Sabanagrande, al sur de Francisco Morazán, las plantas apenas crecieron; muchas no alcanzaron ni un metro de altura. Algunas todavía conservaban el verde y trataron de germinar, pero en lugar de mazorcas sanas, entre ellas aparecían gusanos verdes.
Los ríos de menor caudal en Francisco Morazán, El Paraíso, Choluteca y Valle no han logrado sobrevivir al inclemente verano. Donde antes eran por lo menos arrollos hoy solo hay un camino escabroso de piedras.
En sus cauces apenas quedan piedras grises y lisas, arena reseca y polvorienta y, en algunos puntos, pequeños represamientos donde el ganado llega a beber.
En la aldea Monte Grande, Sabanagrande, Francisco Morazán, donde los agricultores perdieron sus cultivos y ahora deben caminar largas distancias para conseguir agua en arroyos ubicados en las montañas.
Las quebradas están completamente secas, muy distintas a otros años, cuando incluso era posible pescar chacalines, camarones pequeños y grandes. Todo se perdió por falta de agua.
Unos kilómetros más adelante, cerca de Nueva Armenia, las matas de maíz apenas lograron crecer, pero la mayoría no tiene fruto. No produjeron ni una sola mazorca, pero al menos servirán como alimento para el ganado y ayudarán a evitar que las vacas mueran.
La siembra de maíz no es la única afectada, los frijoles sembrados en la mayoría de los casos para consumo familiar no se logró. Como lo muestra la imagen esta mata apenas dio unos cuantos frijoles.
El fruto se secó incluso antes de brotar debido al largo verano, en todo el periodo solo se registró una tormenta a finales de mayo y unas pocas lluvias en la primera semana de junio.