La millonaria fortuna que dejó Clive Davis tras su muerte a los 94 años
Seis décadas de olfato musical sin igual, tres sellos discográficos y una colección de arte valuada en 100 millones de dólares: así construyó Clive Davis su imperio
- Actualizado: 22 de junio de 2026 a las 16:54
Clive Davis murió este lunes 22 de junio de 2026 en su apartamento de Manhattan, a los 94 años. Su representante de toda la vida, Aliza Rabinoff, confirmó que Davis "partió en paz a causa de una enfermedad relacionada con la edad. Rodeado de su familia y sus seres queridos".
Con él se fue también el último testigo vivo de prácticamente toda la historia del pop moderno, y quedó sobre la mesa una pregunta que muchos se hacen ahora con renovada urgencia: ¿a cuánto ascendía, en realidad, la fortuna del hombre al que Aretha Franklin llamó "el mejor hombre del mundo de los discos"?
La respuesta, según los datos disponibles al momento de su fallecimiento, ronda los 850 millones de dólares.
Celebrity Net Worth sitúa su patrimonio en esa cifra, producto de uno de los trayectos más influyentes en la música contemporánea, donde moldeó cinco décadas de pop, rock, rhythm and blues y soul.
Algunas fuentes de la industria, como la publicación especializada HotNewHipHop, llevan el estimado hasta los 900 millones, aunque la cifra de 850 millones es la más citada y documentada entre los medios especializados.
Lo llamativo no es solo el monto, sino el origen. Davis no llegó a la música por vocación artística ni por herencia familiar. Nacido en Crown Heights, Brooklyn, el 4 de abril de 1932, hijo de Herman, un electricista y vendedor, y de Florence Davis, perdió a ambos padres en su adolescencia por complicaciones derivadas de la presión arterial, lo que lo obligó a mudarse con su hermana mientras terminaba sus estudios.
Estudió ciencias políticas en la Universidad de Nueva York con una beca completa, se graduó magna cum laude y luego cursó derecho en Harvard, institución de la que egresó en 1956.
Después de graduarse de Harvard Law con honores, Davis comenzó a trabajar como abogado en Midtown Manhattan, redactando contratos y asesorando en planificación fiscal y sucesoria. Fue un camino tortuoso y, a la vez, providencial. A los 28 años se incorporó a Columbia Records, propiedad de CBS, como consejero legal asistente. Nadie entonces habría apostado que ese empleo rutinario sería el punto de partida de una fortuna cercana a los mil millones de dólares.
Su ascenso fue vertiginoso dentro de la compañía. En 1966 ya era presidente de Columbia Records, donde añadiría a su currículum el título de poseedor de un "oído de oro", tras reconocer el potencial comercial del rock and roll y de talentos como Santana, Chicago y Laura Nyro, entre muchos otros. Janis Joplin, Bruce Springsteen, Billy Joel, Aerosmith y Earth, Wind & Fire fueron algunos de los nombres que pasaron por sus manos en aquella etapa. Cada álbum vendido, cada gira exitosa, cada canción que trepaba a los primeros lugares del Billboard era también un eslabón más en la cadena de su patrimonio personal.
Cuando fue removido de Columbia en 1973, Davis fundó Arista Records, un movimiento que muchos en la industria interpretaron como el fin de una carrera. Fue exactamente lo contrario. Bajo su dirección, Arista se convirtió en una potencia que rivalizó con las casas discográficas más veteranas del mercado. Allí descubrió a Whitney Houston en 1983, cuando ella tenía apenas 19 años, y la transformó en una de las artistas más vendedoras de todos los tiempos. También relanzó el impulso comercial de Aretha Franklin y consolidó carreras como las de Barry Manilow y Patti Smith.
Su patrimonio no residía únicamente en las regalías y los contratos. Davis era propietario de varias propiedades en Nueva York y poseía una colección de arte que algunos valuaban en alrededor de 100 millones de dólares, con obras de Picasso y Chagall entre sus piezas.
Esos activos, sumados a sus décadas de ingresos ejecutivos, conformaban un portafolio sólido que lo mantuvo fuera de las listas de Forbes —que suele reservar ese espacio para los billonarios— pero dentro de la pequeña élite de los ejecutivos más ricos del entretenimiento mundial.