Por qué Timothée Chalamet no ganó el Oscar a Mejor actor pese a ser el favorito
Chalamet partía como favorito indiscutible tras ganar el Globo de Oro, pero la larga recta entre enero y marzo terminó por erosionar su candidatura. Michael B. Jordan se llevó la estatuilla
- Actualizado: 16 de marzo de 2026 a las 09:41
Timothée Chalamet llegó a la recta final de la temporada de premios como el candidato más visible de los Oscar 2026.
Su campaña para Marty Supreme, la comedia de A24 ambientada en los años cincuenta que se convirtió en el mayor éxito comercial de la historia del estudio, fue extensa, calculada y, durante meses, eficaz.
El Globo de Oro como mejor actor en comedia o musical parecía confirmar el camino hacia la estatuilla. No fue así.
El problema, según apuntan distintos analistas de la industria, no fue tanto la campaña en sí como su duración.
Las apariciones constantes en alfombras rojas, programas de entrevistas y podcasts —siempre acompañado de Kylie Jenner y con atuendos que no pasaban desapercibidos— generaron una sobreexposición que, para una parte del electorado de la Academia, empezó a asociarse con el propio personaje que interpretaba: ambicioso, omnipresente, difícil de ignorar.
El deslizamiento fue gradual pero perceptible. Cuando los premios del Sindicato de Actores (ahora denominados Actor Awards) entregaron su galardón a Michael B. Jordan, el giro ya parecía consumado. El Oscar confirmó esa tendencia.
Hay otro factor que algunos señalan: la Academia tiene una conocida tendencia a reconocer trayectorias antes que momentos concretos.
Chalamet lleva años construyendo una filmografía de alto nivel, pero sus papeles responden a un patrón reconocible, jóvenes impetuosos en proceso de maduración, que quizá no ha terminado de convencer a los votantes de que ha llegado el momento de premiarlo.
Él mismo lo ha reconocido públicamente, apelando a su historial de más de siete años de trabajo exigente.
La pregunta que deja abierta esta temporada es si la Academia está esperando a ver en qué tipo de actor se convierte antes de darle lo que, tarde o temprano, muchos dan por inevitable.