Bárbara Mori confiesa que el éxito de "Rubí" la hundió en el alcoholismo: "Me ponía a llorar"
En pleno apogeo de "Rubí", Bárbara Mori lloraba a diario, bebía alcohol en exceso y se sentía completamente vacía pese al éxito mundial de la telenovela
- Actualizado: 19 de marzo de 2026 a las 14:29
Ser la actriz más vista de México no fue suficiente para que Bárbara Mori se sintiera bien consigo misma. Mientras millones de televidentes seguían cada episodio de "Rubí", la protagonista de esa telenovela llegaba cada mañana a los estudios de Televisa, cerraba la puerta de su camerino y lloraba frente al espejo.
Lo que vino después era peor: el alcohol se convirtió en su único mecanismo para sobrevivir el día.
Así lo reveló la actriz uruguaya, de 48 años, durante una conversación en el espacio Trayectos by ESN Sunland, donde habló con una franqueza poco habitual sobre aquella etapa que marcó, paradójicamente, el punto más brillante y más oscuro de su trayectoria.
"Cuando hice Rubí tenía todo lo que se supone que debes de tener para llegar a la felicidad, a la plenitud y a la realización: el éxito, la fama y el dinero. Yo tenía las tres y tenía mucho de las tres, pero yo estaba vacía por dentro", dijo.
La telenovela, emitida en 2004 por Televisa, fue un fenómeno continental. Generó millones de seguidores en toda América Latina, lanzó a Mori a una fama que rebasó las fronteras del país y convirtió su rostro en uno de los más reconocibles de la televisión en español. Sin embargo, la dimensión de ese reconocimiento nunca logró penetrar en ella de la manera que el mundo asumía desde afuera.
Lo que Mori describió no fue una melancolía pasajera ni el cansancio ordinario de una producción intensa. Fue, según sus propias palabras, una desconexión profunda entre lo que proyectaba y lo que experimentaba.
"Yo llegaba a mi camerino todas las mañanas a Televisa, me miraba al espejo y me ponía a llorar y como no sabía cómo lidiar con mis emociones, tomaba mucho alcohol, me hacía mucho daño", confesó.
La industria televisiva impone rutinas que dejan poco espacio para el derrumbe personal. Los horarios de grabación en una telenovela de esa magnitud son extenuantes, las exigencias físicas y emocionales se superponen, y la exposición pública añade una capa de presión que pocas veces se discute abiertamente.
Para Mori, ese entorno se volvió un terreno fértil para la autodestrucción, en parte porque no contaba con las herramientas emocionales para transitarlo.
El punto de quiebre llegó cuando la propia actriz se enfrentó a una contradicción que ya no podía ignorar. Tenía todo aquello que la narrativa del éxito promete como destino: reconocimiento, estabilidad económica y aplausos. Y aun así, se alejaba cada vez más de cualquier sensación de plenitud. Fue esa distancia, incómoda e inexplicable para quienes la veían desde afuera, la que la empujó a buscar respuestas hacia adentro.
"Hasta que empecé una búsqueda para entender, dije: 'Tengo todo esto y no soy feliz'. Y, todo lo contrario, cada vez estoy más alejada de esa felicidad, de esa plenitud, claramente hay algo que está mal aquí conmigo, entonces empecé esta búsqueda y cuando empecé a encontrar mi valor aquí adentro, el mundo de afuera dejó de ser una amenaza", relató.
Ese proceso de autoconocimiento desvió el rumbo en su historia personal. No ocurrió de un día para otro, ni fue el resultado de una sola decisión. Fue, más bien, el inicio de un camino largo y sostenido hacia la reconstrucción de su autoestima, uno que implicó distanciarse de dinámicas y entornos que alimentaban su fragilidad.