Un recorrido entre las aves que anidan en el corazón verde de Honduras
Desde el espejo del Lago de Yojoa hasta los senderos de Luna del Puente, el lente de nuestro fotorreportero Emilio Flores capturó la riqueza viva que Honduras guarda en silencio
- Actualizado: 17 de marzo de 2026 a las 18:20
Un destello de color entre las ramas, el golpeteo rítmico de un pico contra un tronco o el silbido que llega desde las copas de los árboles. Esos momentos fueron los que el fotorreportero Emilio Flores persiguió durante el Centroamérica Big Day 2026, el evento regional de observación de aves que el pasado 14 de marzo movilizó simultáneamente a siete países del istmo y el Caribe.
En Honduras, la jornada —impulsada por el Instituto Hondureño de Turismo, Aves Honduras, Cámara Nacional de Turismo de Honduras (CANATURH) y CATA Centroamérica—tuvo dos escenarios principales: el Lago de Yojoa y la Reserva Natural Privada Luna del Puente, uno de los 18 santuarios de Aves Honduras ubicado un kilómetro al norte de la Aldea San Isidro, en Santa Cruz de Yojoa, Cortés. Lo que el lente registró en esas horas es apenas una muestra de lo que este territorio guarda. En la imagen: Tángara ala amarilla (Thraupis abbas).
La cuenca del Lago de Yojoa, flanqueada por el Parque Nacional Cerro Azul Meámbar y el Parque Nacional Montaña de Santa Bárbara, concentra aproximadamente 450 especies de aves reportadas. Es en ese ecosistema donde las especies de esta galería fueron registradas, algunas residentes permanente del bosque húmedo y los humedales del lago, otras visitantes temporales que llegan desde Norteamérica al final del invierno boreal y que, con el equinoccio de primavera, emprenden el regreso hacia el norte. A continuación, cada una de ellas. En la imagen: Gallineta común (Gallinula galeata).
Urraca verde (Cyanocorax yncas): De dorso verde musgo, vientre amarillo y corona azul, la urraca verde es una de las aves más llamativas del sotobosque centroamericano.
Perteneciente a la familia Corvidae —la misma de los cuervos— se distingue por su compleja organización social y por ser una de las pocas especies del género cuyas alas no son azules ni moradas, sino verdes.
Se distribuye desde el sur de Texas hasta Honduras, y su presencia en el Lago de Yojoa es un indicador de la salud del bosque que rodea la cuenca.
Pato silbador de vientre negro (Dendrocygna autumnalis): Esbelto, de cuello y patas largas, este pato se distingue a distancia por su pico rojo, sus patas rosadas y la franja blanca que cruza sus alas. Más arborícola que otros patos silbadores, vocaliza mientras vuela repitiendo un silbido característico. Habita humedales, lagunas y cuerpos de agua con vegetación densa. Es una especie residente de Honduras, donde se le conoce popularmente como pijije.
Semillero de Morelet (Sporophila morelleti): Pequeño y discreto, es un ave de los pastizales y matorrales húmedos. El macho adulto presenta un patrón de blanco y negro muy definido, con el pecho blanco contrastando con la espalda oscura. Se alimenta principalmente de semillas gramíneas silvestres y forma parte del grupo de los tangarinos, una de las familias de aves más diversas del Neotrópico.
Tangara azuleja (Thraupis episcopus): Conocida en Honduras simplemente como Azulejo, la tangara azuleja es una de las aves más comunes y reconocibles del país —y al mismo tiempo una de las más subestimadas—. Se mueve en pareja o con pequeños grupos, frecuenta bordes de bosque, jardines y áreas semiabiertas. Adaptable y resistente, ha prosperado incluso en entornos urbanos, lo que la convierte en una de las primeras especies que cualquier observador principiante puede identificar.
Chiltota castaña (Icterus spurius): De plumaje amarillo con amplios parches castaños. Habita bordes de bosque, plantaciones y zonas semiabiertas con árboles altos.
Su canto es fluido y melodioso, característico de los ictéridos.
Mielero patas rojas (Cyanerpes cyaneus): El macho de esta especie es uno de los espectáculos más intensos del bosque tropical. Su plumaje azul eléctrico contrasta con las patas rojas que le dan el nombre y con una máscara negra que enmarca el rostro.
En vuelo, la parte inferior de las alas destella un amarillo intenso.
Titira enmascarado (Tityra semifasciata): De cuerpo robusto, plumaje blanco con alas negras y una máscara facial de piel desnuda roja y negra alrededor de los ojos, el titira enmascarado es una de las aves más peculiares del bosque tropical. Anida en cavidades de árboles, frecuentemente ocupando huecos excavados por carpinteros. Su distribución abarca desde México hasta el norte de Sudamérica, y es una especie residente habitual en los bosques húmedos de la cuenca del Yojoa.
Perico pecho sucio (Eupsittula canicularis): De tamaño mediano dentro de los periquitos, el perico pecho sucio presenta plumaje principalmente verde y el vientre de color olivo apagado. Vive en bandadas ruidosas que recorren bosques secos, semideciduos y áreas abiertas con árboles dispersos.
Paloma cabeza gris: De gran tamaño para una paloma, con la cabeza y el cuello entre blanco, azul y gris.
Su presencia en la cuenca del Yojoa es notable dado que se trata de una especie que prefiere el dosel alto y que requiere bosques maduros bien conservados.
Paloma ala blanca (Zenaida asiatica): Una de las palomas más abundantes y reconocibles de Honduras, la paloma ala blanca se identifica fácilmente por la franja blanca visible en las alas tanto en reposo como en vuelo.
Adaptable y presente en una gran variedad de hábitats —desde bosques abiertos hasta zonas urbanas— se alimenta de semillas, granos y frutos.
Es una especie residente que nidifica en arbustos y árboles bajos, y cuya vocalización —un arrullo profundo y repetido— es uno de los sonidos más familiares del campo hondureño.
Zorzal común (Turdus grayi): Marrón oliváceo en el dorso y con el vientre más claro, esta es una de las aves más frecuentes en jardines, parques y bordes de bosque de toda Centroamérica.
Es omnívoro —se alimenta de lombrices, insectos, frutos y bayas— y su canto al amanecer es uno de los más elaborados y persistentes del paisaje sonoro hondureño.
Forrajea en el suelo con movimientos rápidos y saltarines, y su tolerancia a la presencia humana lo convierte en una de las primeras especies que cualquier observador puede identificar sin necesidad de adentrarse en el bosque.
Carpintero frente dorada (Melanerpes aurifrons): Es el carpintero más común de Honduras y uno de los más conspicuos del país. Se reconoce por barras negras y blancas en la espalda, la corona roja y la franja dorada o anaranjada sobre el pico que le da el nombre.
Habita desde áreas semiáridas hasta bosques ribereños y parques urbanos. Su pico, capaz de martillar un tronco miles de veces al día sin lesionarse, está protegido por un hueso amortiguador ubicado entre el pico y el cráneo.
Saltador garganta rosada (Saltator maximus): Robusto, de pico grueso y curvado, el saltador garganta rosada se distingue por la garganta de color que le da el nombre, enmarcada por un bigote negro y una línea superciliar blanca.
Habita los bordes de bosques húmedos y secundarios, jardines y zonas arboladas, donde se alimenta de frutos, semillas y brotes tiernos.
Chipe de Tennessee (Leiothlypis peregrina): El chipe de Tennessee es una reinita migratoria que anida en los bosques boreales de Canadá y el norte de los Estados Unidos, y que pasa el invierno en Centroamérica y el norte de Sudamérica. En Honduras es una de las más de 200 especies migratorias que arriban cada año huyendo del frío del norte.
Tángara ala amarilla (Thraupis abbas): Endémica del corredor mesoamericano, esta tángara se distingue por el parche amarillo brillante en las alas que contrasta con su plumaje gris azulado.
Se distribuye desde el sureste de México hasta Honduras y Nicaragua, lo que hace de su registro en el Lago de Yojoa una observación con valor biogeográfico.