Serie 2/4

Doloroso martirio de viudas y huérfanos de buzos misquitos

Luto, pobreza y enfermedades viven los 'herederos de la desgracia'. Presidente Lobo les incumplió promesa de darles bono solidario. Prostitución y drogas los acechan.

El desconsuelo los atormenta. Como implacable verdugo, la tristeza martiriza día a día a las esposas e hijos de aquellos marinos que en busca de matar el hambre desafiaron las profundidades del mar y perdieron la vida.

El rostro de Melba Cristina Guerrero, de 54 años, testimonia su sufrimiento; su mirada perdió el brillo y sus labios pocas veces esbozan una sonrisa desde hace 10 años, cuando su esposo Benles Marcelino murió a consecuencia del 'mal del buzo'.

Con desconsuelo relata que su compañero de hogar 'salió a pescar y parece que cuando él estaba pescando en el mar con el cayuquero se metió al agua y al rato salió del mar con tres langostas grandes, las puso en el cayuco y luego le dijo al cayuquero que sentía dolor en la cabeza y el cayuquero lo subió al bote y en el momento le salió espuma por la boca y por la nariz'.

Luego, en un intento de salvarle la vida, se le suministró oxígeno; agonizó durante una hora y luego expiró, rememora con nostalgia la viuda que vive en Puerto Lempira.

Desde ese momento, Melba Guerrero no solo perdió a su pareja sino que al sustento del hogar, el que literalmente puso el pulmón para llevarle alimento.

Ella y los siete hijos que ambos procrearon quedaron en desgracia porque las fuentes de trabajo en la zona son escasas y en consecuencia no hay mucho para mantener a la huérfana prole.

'A veces consigo trabajo lavando y planchando, pero eso no ajusta, hay días en que no comemos', confiesa con pena.

La atención médica y ayuda para pagar los estudios de sus hijos también llegan a cuentagotas. Así como guerrero, hay cientos de viudas e hijos que nunca recibieron alguna compensación por el fallecimiento de sus esposos a consecuencia de accidentes durante la pesca submarina de langosta.

No hay seguro por muerte, no hay derecho a reclamar nada a las empresas que los contratan para que se sumerjan en el mar en busca de los crustáceos que sirven en restaurantes de lujosos hoteles.

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Muerte

Todos los años, el empobrecido departamento de Gracias a Dios 'entrega' a la muerte a decenas de misquitos afectados por el síndrome de descompresión o embolia gaseosa que sufren cuando permanecen prolongados períodos dentro del mar y ascienden a la superficie de forma brusca.

Cuando eso sucede se generan gases en el cuerpo que se disuelven y se alojan en el torrente sanguíneo y que, generalmente, obstruyen arterias.

Los dolientes de los buzos muertos saben poco de cualquier explicación científica, pero entienden que la explotación de los langosteros hacia los buzos es la génesis de la tragedia y que no hay indemnizaciones por las muertes, si acaso una pequeña paga.

Ruegan

Delpia Alemán, de 45 años, es otro cruel testimonio de esta trágica realidad. En una soleada mañana en el pueblo de Kaukira, donde habita, la indignada mujer recorrió casi tres kilómetros para buscar el muelle para subirse al cayuco que la traslade a Puerto Lempira en busca del dueño del barco en el que trabajó su fallecido esposo Ander Julián.

Hace tres años perdió a su marido también producto del 'mal del buzo' y desde esa fecha le ha tocado mendigarle al propietario de la embarcación para que le reconozca algo de dinero.

'Hoy va a estar en Puerto Lempira, voy a ir buscarlo porque está pagándoles el sueldo a los buceadores', dijo Alemán, tras hacer una pausa en su camino hacia la lancha, que tarda unos 25 minutos en llegar a su destino.

Alemán tiene que hacerle frente a una vida dura en la que ' gracias a los amigos que me dan vivo (subsisto) algo, porque no trabajo'.

Deuda gubernamental

Para el gobierno estas mujeres y niños prácticamente no existen. El Estado tiene la responsabilidad de proteger a este grupo indígena por ser parte de la población étnica con la que cuenta el país, pero no hay políticas claras para darles el respaldo.

A esto se suman las mentiras de los políticos, según se queja el buzo lisiado Carlos Morales.

'El presidente Porfirio Lobo prometió un bono solidario para los buzos discapacitados y para las viudas y para todos los huérfanos, pero todo fue mentira porque no se han hecho las ayudas que dijeron', expresó Morales, quien quedó condenado a vivir en una silla de ruedas

La promesa del gobernante se hizo hace un año, cuando se desplazó al lugar y conoció la desgracia que se sufre por las condiciones riesgosas en que se practica este tipo de buceo.

Los buzos lisiados y familiares de los submarinistas muertos han preguntado a autoridades locales sobre cuándo se concretará la promesa del mandatario, pero la respuesta que reciben es 'no se tiene información'.

'Estamos preocupados porque últimamente el alcalde ayuda con un poco de provisión a fin de mes, pero ya eso se ha cortado', señaló el discapacitado.

Droga y prostitución

Presas de la desesperanza, muchas viudas que perdieron el apoyo económico al morir sus esposos caen en la prostitución, una práctica cada vez más común en esta región.

Mientras los huérfanos, sin tener asistencia para seguir los estudios y sin orientación moral, se ven obligados buscar empleo como buzos.

Esto expone a los jóvenes no solo a los riesgos de la pesca submarina sino que también a quedar atrapados en el mundo de las drogas. Se convierten en esclavos de sustancias, en drogadictos, pues el narcotráfico en la zona se basa en el trasiego del alucinógeno por vía marítima.

Muchos pasan de ser adictos a 'mulas submarinas' de cocaína, al formar parte de bandas que trafican con esa droga en la zona.

La Mosquitia, pueblo olvidado por todos

La problemática de los buzos misquitos no se conoce en todas sus dimensiones.

No hay estudios sistematizados sobre la realidad que viven por distintas razones, como lo alejada y marginada que está la zona donde habitan, ya que solo puede ingresar a Gracias a Dios por vía aérea o marítima.

Esto impide que se puedan efectuar investigaciones objetivas que desnuden en su totalidad este drama y se propongan soluciones.

También existe poco interés de sector gubernamental y privado por indagar sobre esta problemática.

Algunas organizaciones no gubernamentales han tomado el rol que le corresponde al Estado para asistir a este segmento de la población, pero esta asistencia no es permanente.

Producto de la inseguridad y la crisis económica global, algunas entidades del extranjero sin fines de lucro terminan por retirarse del lugar y los proyectos no tienen continuidad.

Hay esfuerzos de organismos internacionales con dependencias del gobierno para elaborar estudios a profundidad relacionados con la difícil situación de los buzos misquitos, pero las intenciones han quedado en solo propuestas.