Monseñor Romero fue liquidado por un asesino quien, desde el exterior de la capilla, ubicó un solo proyectil calibre 22 causándole la muerte como consecuencia de una profusa hemorragia.
En las calles de San Salvador se ofrecen estampitas con la imagen del mártir.
Miles de fieles visitan el mausoleo que contiene sus restos, ubicado en el sótano de la Catedral Metropolitana de San Salvador.
Romero pidió insistentemente el fin de la violencia y defendió el derecho de los más pobres de El Salvador de organizarse para pedir cambio.
En diversas ocasiones le expresó sus temores e inquietudes al papa Juan Pablo II, quien en su visita apostólica a Centroamérica en 1983 fue a su tumba.
El postulador de la causa de canonización, arzobispo italiano Vincenzo Paglia con el secretario de Monseñor Romero, Jesús Delgado.