El pasado jueves, 20 de septiembre no se celebraba el día de los inocentes, pero millones de hondureños se mostraban conmocionadas por una supuesta masacre de 16 personas, la que afortunadamente resultó ser una falsa información.
Aunque las primeras informaciones sobre este supuesto hecho trascendieron a eso de la 1:00 de la tarde, 12 horas después la Policía Nacional no estaba en capacidad de confirmar si había muertos o no en esta comunidad remota conocida como Payavila, Dulce Nombre de Culmí, Olancho.
El primer grupo de policías y soldados llega a eso de las 6:00 de la tarde a Payavila, donde los pobladores, familiares y el maestro del lugar, les informan que no hay tales muertos.
Una hora antes, 5:00 de la tarde, de Tegucigalpa salía el primer helicóptero, con forenses, agentes de inspecciones oculares y otro personal para manejo de la escena del crimen.
Es decir, esta aeronave sale de la Fuerza Aérea unas cuatro horas después de revelarse el supuesto hecho.
Por supuestas razones de seguridad, la mayoría del personal asignado en el departamento de Olancho, tanto policial como militar, no se moviliza sino que espera a los elementos Cobras enviados, en camiones, desde Tegucigalpa.
Antes que la policía,es un ciudadano civil quien a eso de las 9:20 de la noche del jueves, se comunica con el noticiero TN5 para informar que él sí movilizó un vehículo al lugar y confirmó que todas las supuestas víctimas estaban “vivitas y coleando”.
El ciudadano garantizó que la familia Almendárez estaba con vida. “Bajo mi palabra digo que la familia Almendárez y que don Anastasio Almendárez, que es el jefe de la familia, están vivitos y coleando en la aldea Payavila”.
La alentadora noticia es que Teodora Carrasco y Anastasio Almendares, padres de familia, así como los hijos de estos: Florentino, Elvis, Jairo y Jacson Josué, estaban con vida.
Asimismo, confirma que no hay niños muertos, como había informado Leónidas Carrasco, padre de Teodora.
La falsa información provocó que a la zona se movilizara un contingente policial del Escuadrón Cobras, agentes de investigación, inspecciones oculares, forenses, fiscales, personal judicial, decenas de efectivos militares de la 115 Brigada de Infantería y hasta el propio director policial Juan Carlos Bonilla y el director de la Policía Preventiva Alex Villanueva.
Pese a ello, los hondureños se fueron a dormir pensando que en ese sector remoto de Olancho habían muerto acribilladas y calcinadas alrededor de 16 personas, entre ellos, supuestamente varios niños.
En horas de la madrugada de ayer, las noticias positivas comenzaban a llegar, aunque con poco de sorpresa, a oídos de los hondureños.
En los caseríos de Payavila o El Desayunador no habían muertos. Todos los miembros de la familia de don Leónidas Carrasco, padre y abuelo de las supuestas víctimas, estaban vivos.
Es más, en esas remotas comunidades todos estaban asombrados por la falsa información que había trascendido a través de los medios de comunicación y que la Policía Nacional no pudo desvirtuar.
Para llegar a Payavila, se debía recorrer seis horas en vehículo desde Catacamas y, posteriormente entre dos y tres horas a pie por el sector de Cuyamel.
EL HERALDO acompañó el recorrido de la nutrida misión policial-militar, una jornada que culminó en horas de la madrugada, cuando una avanzada venía de retorno con las buenas noticias: “todos están vivos”.
Según lo informado por la Policía, este grupo es el que había salido a la 1:00 de la tarde y había logrado a Payavila a eso de las 6:00 de la tarde.
Luego de informarles que no había muerto, deciden seguir a pie hasta El Desayunador.
Ahí, a eso de las 11:00 de la noche, se encuentran con todos los familias y corroboran que en efecto no había muertos.
Para constancia y como prueba, toman fotografías de todos ellos.
Este equipo regresa a Catacamas, encontrándose en el camino con los refuerzos enviados desde Tegucigalpa.
Estos refuerzos eran dos comandos con 40 “Cobras” a bordo, además, dos patrullas de la DNIC con técnicos en dactiloscopía e investigadores de la escena del crimen.
Estos equipos habían hecho escala en la jefatura municipal 15 de la Policía de Catacamas para realizar las coordinaciones y procedimientos en la supuesta escena del crimen.
De ahí salieron a eso de las 8:00 de la noche hacia la supuesta escena del crimen.
La misión era encabezado por el comisionado Alex Villanueva, quien se conducía en una patrulla acompañado por un agente que servía como guía.
Dos horas más tarde se confirmó que en vez de guiar al contingente por la ruta correcta hacia Cuyamel, lo hizo en dirección a La Colonia de Poncaya.
En este grupo iban periodistas de diferentes medios de comunicación.
Mientras, el personal de la fiscalía y forenses que habían salido de Tegucigalpa en helicóptero tuvieron que aterrizar en Culmí por las condiciones climatológicas y porque las aeronaves no tienen instrumentos para aeronavegación nocturna.
El encuentro
Los refuerzos de Tegucigalpa finalmente abortan la misión al encontrarse con el primer contingente.
Ahí, Eligio Ramos le informa a los refuerzos de Tegucigalpa: “Yo anduve en la casa de ellos, personalmente fui, los traje, se los mostré a la Policía y andan fotos de ellos”.
Ramos relató que viajó cinco horas en vehículo más tres y media horas a pie para llegar a la casa de su hermano.
Aseguró que desconocen quién y por qué inventó la falsa masacre, ya que ellos nunca han tenido problemas.
El testigo dijo que cuando llegó a la aldea El Desayuno, el escenario de la falsa masacre, su hermano ya sabía que los daban por muertos pero que no salieron de las casas por temor.
“Ellos escucharon por la radio”, agregó Ramos.
Le doy gracias a Dios, prosiguió, porque la noticia fue falsa, era un gran dolor para mí y para toda mi familia.
Aseguró que a él le informaron sobre la tragedia el jueves a las 11:00 de la mañana, por lo que procedió a llamar a sus otros parientes en Catacamas y en Culmí.
Origen de la falsa noticia
El director de la Policía Preventiva, Alex Villanueva, confió que como autoridades van a identificar a la persona que dio la información para que diga quién está detrás de misma y que la Fiscalía puede actuar de oficio para enjuiciar a esa persona.
Sin embargo, no informó si también se tomarán acciones contra personal el policial que igualmente se prestó a desinformar y generar alarma, al extremo de opinar sobre posibles hipótesis.
“Hemos confirmado in situ, ustedes son testigos, de que no existe esta supuesta masacre, inventada no sabemos con qué interés”, expresó el oficial.
EL HERALDO constató que las autoridades tuvieron que movilizar dos helicópteros, dos camiones de los “Cobras” y uno del Ejército, así como cinco patrullas y dos carros pequeños en el que se transportaban más de 80 elementos policiales.
El encuentro
Traslado. Los Almendárez escuchan las noticias y reaccionan sorprendidos. Deciden trasladarse de El Desayuno a Payavila para aclarar que no estaban muertos.
Arribo. A las 6:00 de la tarde, tres oficiales y un equipo de Fuerzas Especiales de la 115 Brigada de Infantería de Juticalpa llegan a Payavila. Una hora después, se sumaban dos patrullas policiales con cuatro oficiales y 16 Cobras.
Buenas noticias. Alcalde auxiliar informa al contingente que no había muertos. Una pariente de la familia también confirma que están vivos. El maestro de cuatro de los menores, Denis Molina, afirma que recibieron clases por la mañana.
Hacia El Desayuno. Pese a los relatos, una comitiva decide trasladarse hasta El Desayuno y corroborar versiones.
Retorno. A las 11:20 de la noche, el pelotón de soldados y policías regresó con Anastasio y sus hijos: Florentino, Nahúm, Elvis, Jairo y el niño Jacson Josué Almendárez.
Alegría. Anastasio Almendárez dice: “Estamos vivos, solo algo asustados. Nos extrañó la noticia que oímos en la radio, no podíamos avisar, no teníamos cómo llamar. Estamos bien”.
Interrogatorio. Cerca de
la medianoche, las autoridades piden ingresar a la casa de Irma Marina para interrogarlos y tener detalles de lo que había ocurrido.
Declaración. “Yo me fui a trabajar, me enteré de todo lo que decían, que nos habían matado y quemado, porque en la radio lo escuchamos. Me imagino que la noticia salió de unos parientes que tenemos en Danlí, pero no sé cómo les llegó a ellos esa mentira, porque aquí el día para nosotros ha sido normal”, dijo Anastasio.
Comunicación. Anastasio asegura que no hay forma de comunicarse. La única manera posible para hacer llamadas se ubica en El Cerro, que está a dos horas de camino a pie.