Momentos de pavor se vivieron ayer en esta ciudad luego de que un potente artefacto explosivo fue encontrado la mañana de ayer.
A eso de las seis de la mañana se recibió la llamada de alerta en la central de comunicaciones de la Policía
Nacional, por lo que hasta el lugar se desplazó un equipo de reacción inmediata del Escuadrón Antibombas.
Al llegar al lugar se comprobó que el artefacto era una granada M9-63 de fabricación norteamericana.
El artefacto estaba tirado en la vía pública entre la primera y segunda avenida, 11 calle de Comayagüela.
Las autoridades policiales desconocen quiénes son las personas responsables de haber lanzado la granada en un sector donde a pocos metros se encuentra un establecimiento que distribuye chimbos de gas. A eso de las 8:00 AM el equipo del Escuadrón Antibombas se movilizó hasta el sector que es considerado como uno de los más transitados de la capital, ya que representaba un peligro para los transeúntes.
El subteniente de Infantería Óscar Mourra, que estaba al mando del operativo para desactivar el artefacto, aseguró que se trataba de una granada M9-63 de fragmentación, de fabricación estadounidense y de uso militar.
Los especialistas indicaron que una falla mecánica impidió que la granada hiciera explosión, por lo que fue necesario trasladarla a un lugar seguro donde la hicieron explotar. La granada cayó a pocos metros de una casa donde se almacenan decenas de cilindros de gas propano.
Hipótesis
La hipótesis
de los agentes de los cuerpos policiales es que fue lanzada ahí con la intención de causar una explosión de gran magnitud.
“Si detonara en el lugar, en un radio de ocho a 25 metros, puede lastimar seriamente e incluso causar la muerte a las personas que se encuentren en el área”, explicó Mourra.
El explosivo fue trasladado a un tragante de aguas lluvias de la segunda avenida, donde fue activado bajo control de los expertos. Para ello fue necesario utilizar vestimenta y equipo especial que les ayudó a manipular la granada de alto poder explosivo.
De acuerdo a Mourra, la granada tenía una onda expansiva de 15 a 25 metros y aunque perforó las paredes del tragante, no provocó daños a la infraestructura ni mucho menos a las personas que se encontraban en el lugar. Para evitar mayores complicaciones, la policía determinó no permitir el tráfico de vehículos, por lo que la calle fue cerrada y de esa manera se garantizó la seguridad de los vecinos, igual que de los transeúntes.
Policías asignados a la Dirección Nacional de Tránsito se trasladaron a la zona para desviar el tránsito por rutas alternas.