Opinión

Creemos en la democracia. Nos pega, nos decepciona y hasta abandona, pero creemos en la democracia. Debe ser porque en el fondo, no tan hondo, todos los hondureños, sabemos que no es el sistema el que falla, sino ciertos dirigentes decididos, como torpes, en tratar de continuar tallándose la democracia al cuerpo. La democracia debe ser meta de consenso con sus reglas aplicadas. Y que como vía, tenga la confrontación y la articulación.

De propuestas y de compromisos. Si no, ¿para qué ir a elecciones? Campaña de altura sí, sin insultos, pero con la verdad, sin esconderla. Fallan unos dirigentes. Y fallamos nosotros, carentes de la determinación para incidir en el desenmascaramiento de tanto oportunista en nuestros partidos.

En estas elecciones primarias para tres de los nueve partidos legalmente inscritos, el bipartidismo fortalecido, ha tenido el llamado de atención en el novel Partido Libre. Y solo puede ser positivo.

Que ya dejen de menospreciarlo. Aun con la importación que el Partido Libre hiciera desde el Partido Liberal, de ciudadanos honorables y capaces que un día regresarán a sus filas para ayudar en la reingeniería que amerita, como también con importante grupo de algunos de sus corruptos, incapaces y delincuentes electorales y que ya lo tienen capturado.

Pero la confianza de la ciudadanía en la democracia, manifiesta en estas elecciones, debe cuidarse. Hay que atender con responsabilidad, sin rabietas, los cuestionamientos de corrientes al escrutinio realizado. Hay que volver a contar voto por voto. Solo así estás elecciones serán limpias. Que es lo que conviene.

Es de destacar la actitud acorde con su reconocida integridad, del liberal Mauricio Villeda, al declarar su anuencia a que haya recuento de votos para que no quede duda sobre su triunfo electoral.

“El que nada debe nada teme”, “¿quién dijo miedo?” Entonces a contar uno por uno los votos. También en el Partido Nacional y en Libre, en los niveles electivos que se exija.